ES PERICO DE PRIMERA, PURA ALACRANA LAVADA

En el norte mexicano, el narcotráfico es cultura y tradición. Sin importar el número de fuerzas militares y federales que el gobierno envíe para combatir la gran ola de violencia y crimen organizado, la única manera de acabar con él será entregando las nalgas al capo «Chapo» Guzmán. Arraigado desde los 1940s [cuando el gobierno mexicano y norteamericano acordaron permitir plantíos de amapola en la sierra sinaloense para poder satisfacer la necesidad de morfina destinada a los soldados de la Segunda Guerra Mundial] la siembra y tráfico de estupefacientes ha sido el modus vivendi para miles de campesinos olvidados por los pre-acordados subsidios mexicanos. Situada dentro de la hortaliza del país, la cuna del narco basa su ideología en una frase principal: «hay que vivir la vida, porque la vida se acaba.» Y ésto, combinado con la propaganda más efectiva para el pueblo mexicano -léase música regional-, hace de los narcocorridos las noticias de la mafia para el pueblo, las hazañas de los heroes criminales protagonistas de la lucha contra el gobierno, salvadores de toda aquella gente que vive en carne propia el olvido del Estado, de todos aquellos que disfrutan de los estragos de vivir de un salario mínimo mientras las grandes vacas burócratas se burlan de su adversidad.

Aun así, la vida «mafiosa» exige bastante. Vivir al máximo, con las armas siempre sin seguro, los sentidos siempre atentos ante cualquier ataque de los guachos (soldados) o enemigos, traficando kilos de perico, mota, pollos o tachas, manejando siempre a mas de 160 km/hr con la orden de nunca frenar, sin dormir, siempre con la nariz rosada y el Buchanan’s por un lado. El estereotipo se convierte lentamente en un esquema de vida que -gracias a la crisis económica- cada día miles y miles de desempleados escogen experimentar. El Viejo Oeste nunca ha dejado de existir para los norteños, el honor es importante y la familia lo más sagrado, fundamentos que el religioso narco mexicano alaba y el gobierno no termina por ejemplificar. Es un cocktail de falta de líderes a seguir y criminales con suficiente dinero como para reemplazarlos.

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CAF (Cartel Arellano-Felix), Cartel de Sinaloa, Zetas y Cartel del Golfo: cuatro pandillas que luchan por controlar el país a toda costa. Pero la lucha no se limita a los balazos. YouTube, Twitter, Facebook, Messenger y AOL se convierten también en las plataformas de promoción y difusión de hazañas y rencillas. Como una vil «tirada de barrio» a manos de un pandillero común, el narco mexicano envía mensajes a través de sus canciones y videos. Algunos anunciando nuevas alianzas y otros nuevas disputas. La enciclopedia de la vida y modo del crimen organizado a la distancia de un click:

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