El fin de semana pasado, Daft Punk anunciaron que lanzarían un nuevo disco, Random Access Memories, el 21 de mayo. Después transmitieron otro anuncio de 15 segundos en Saturday Night Live, un fragmento de una de las «robo-jams» del nuevo álbum.
Por segunda vez en un mes, todo el mundo se volvió loco. Este post de Pitchfork, con 25.000 likes en Facebook, deja claro el sentimiento de nuestra brillante cultura online: “La espera ha terminado. El nuevo disco de Daft Punk, Random Access Memories, ya se puede comprar por adelantado en iTunes. Saldrá el 21 de mayo a través de Daft Life Limited, un sello de Columbia Records. La hostia”.
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¿Por qué? ¿Porque a todos nos gustan “Digital Love”, “Around the World,” y esa canción de las Olimpiadas? No. Porque Daft Punk sabe cómo manejar su imagen, y eligieron el retrofuturismo como medio para hacer negocios.
No me malinterpretéis. “Harder, Faster, Stronger”, “Da Funk”, y todas las canciones que he mencionado antes son buenas. Pero Daft Punk no han sacado un buen disco con material nuevo en casi doce años. Desde entonces, han conquistado el mundo y llenado estadios con mitología, no arte. Mejor dicho, con ese arte sin igual que es su manejo de la mitología y la ciencia ficción.
La historia es más o menos así: dos robots anónimos componen música dance del futuro sintetizando sonidos del pasado. Esto incluye voces robóticas y cambios de tono. Los personajes de sus vídeos musicales, esas mini historias épicas de ciencia ficción, las voces inhumanas con sus metálicas sílabas que resuenan a un ritmo alienígena, los cascos cubiertos de LEDs; todo esto deja algo claro: Daft Punk no es de este mundo, sino una mezcla de nuestra imaginación intergaláctica colectiva. Como tal, son uno de los pocos artistas dance que se han ganado una página en la Enciclopedia de Ciencia Ficción.
Prueba A: El vídeo que los lanzó a la fama. Hombres robóticos y esqueletos bailan alrededor del mundo.
Y después vinieron los trajes robóticos, y esos cascos.
Cascos futuristas que nunca se quitan, ni siquiera cuando están con famosos. O en una entrevista.
Y produjeron una película animada de ciencia ficción en torno a su álbum más popular.
El más grande truco de Daft Punk no fue sacar melodías distorsionadas. Fue transformar a dos DJs franceses que estaban por encima de muchos otros DJs en una raveros interestelares. Desde David Bowie no había existido un artista pop que se apropiara de la ciencia ficción con tan buenos resultados. La ciencia ficción definitivamente fue parte importante para que los adolescentes rockeros se interesaran en Daft Punk. Dio a una generación de adolescentes y universitarios sexualmente frustrados, que vivían a base de una dieta de Star Wars y Transformers, un punto de entrada al mundo de la música dance.
La única banda sonora que han hecho es la de Tron. Ofrecen muy pocos conciertos, pero muy épicos. Sus cabezas robóticas se asoman en sus vídeos promocionales como la marca que son. La presentación, la continuación del mito, es mucho más emocionante que ese funk de ascensor que se escucha detrás de todos esos logos en televisión.
Mi intención no es menospreciar el trabajo de Daft Punk. También escriben algunas canciones pop fantásticas. Pero su genialidad es entender que no sólo queremos bailar cuando salimos a divertirnos un viernes por la noche. Queremos bailar en una nave espacial. Queremos escapar hacia el futuro, y queremos que ese futuro esté repleto de cosas increíbles y familiares.
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