CÓMIC – JUEZ DREDD ARCHIVOS COMPLETOS 02.2

Ganó el que se presume como el bueno, el tonto más que el malo abandona su madriguera presidencial casi de tapadillo, y el tándem que forman el encanecido héroe de guerra y su mano derecha, esa mujer que defiende la vida neonata fusil en mano, muerde el polvo ante el júbilo de tres cuartas partes de la población mundial. Suenan fanfarrias y llueve confetti. Conviene no obstante que moderen los más jóvenes su alegría pues, si viven lo suficiente, llegarán a ver cómo en 2071, durante la Batalla de Armageddon, cien mil arrojados defensores de la ley caerán en combate en el Valle de la Muerte. Caerá el corrupto presidente estadounidense (no el de ahora sino otro que vendrá), el último en detentar el cargo, pero la diezmada población se verá obligada a causa de la contaminación radioactiva a hacinarse en monstruosas megaurbes en las que el diseño hi-tech se da la mano con unas bolsas de pobreza que ríase usted de Calcuta y el descontento de la ciudadanía roza límites cercanos a los de la Barcelona del 2008. Un caldo de cultivo idóneo para la proliferación de la delincuencia, la violencia arbitraria y la instauración de una política policial regida por la máxima de «el porrazo primero, la pregunta después». Y en cuestión de porrazos legislativos, el insobornable Juez Dredd marca la diferencia. No le discutas. No te le enfrentes. Nadie está por encima de la ley, y a comienzos del siglo XXII, la Ley es él.


Estandarte del cómic popular británico durante los últimos 30 años, el semanario 2000 AD alumbró este futuro y otros no menos oscuros (los de Strontium Dog, Rogue Trooper, Harlem Heroes / Inferno, etc.), creando en el proceso un panteón de antihéroes de los que Dredd, en lo que a fama se refiere, se lleva sin duda la palma. Parodia (aunque Stallone no lo viera) de los tipos duros de una pieza que se salen con la suya aunque tengan que pegarle un par de sopapos al resto del género humano, el taciturno, lacónico, inflexible Joe Dredd representa la sublimación del absurdo del pensamiento fascista. Nuestro juez, en esencia, es un facha con coartada legal, un hombre sin vida propia que no explica nada de sí mismo porque bien poco tiene que explicar y que ha hecho del cumplimiento de la ley a rajatabla su meta a corto, medio y largo plazo. Que un sujeto de características tan negativas como las de Dredd haya llegado a calar tanto entre el fandom es un misterio. Bueno, en realidad no; el entorno en el que se mueve no es realista pero se rige por reglas internas coherentes (aunque cuando reina el delirio, reina pero bien), el apocalíptico folletín que son sus aventuras tiene un ritmo rápido y, a veces, hasta segundas lecturas, su parodia del übermensch fue de lo más sangrante visto sobre papel hasta la llegada de Marshal Law (otro poli, pero aún más tarado), y… En fin, admitámoslo. ¿A quién no le gustaría ser Dredd cuando el majadero del dependiente se hace el sordo y el cartero vuelve a extraviarte un envío?

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Los cuidados volúmenes en blanco y negro que Ediciones Kraken lleva algún tiempo poniendo en las librerías recopilan material antiguo de Dredd, aparecido en su mayor parte en España a través de la ahora extinta editorial Zinco, y merecen la pena por varios motivos, entre ellos estos: siguen un orden cronológico muy de agradecer, como de agradecer es poder releer en páginas no amarillentas cómo el superjuez atraviesa la Tierra Maldita haciendo valer sus cojones y su conversión en renegado tras la llegada al poder del Juez Cal, ese chiflado ante el que incluso Bush palidece. Todo eso pasa en el volumen 02.2, que es el que yo tengo.

JESÚS BROTONS

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