CÓMO ESTÁ EL PATIO: SER LA COMIDILLA

«Por si no lo sabías, los crematorios que en España se promocionan desde hace años como exponente de modernidad y respeto por los que se van al otro barrio, son altamente contaminantes. En la cremación de una persona se pueden quemar junto con el muerto un montón de cosas, todo un ranking macabro de la insalubridad ambiental…»

Va, para empezar, un par de preguntas.

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¿Estarías en contra de una tradición relativamente moderna que implica contaminar gravemente el aire?

Si, ¿no? Hay que corregir los errores del pasado, por eso los lápices tienen goma de borrar.

¿Estás a favor de proteger a las especies de animales en peligro, de facilitarles la vida y de hacer lo posible para que se reproduzcan y vivan felices?

Otro sí fijo, aunque igual suene un poco moñas y no sepas explicar muy bien la razón, porque seguramente nunca has visto ni nunca verás uno de esos bichos que viven tan lejos de tu barrio, normalmente tienen mala leche, son unos cabronazos y huelen mal. Pero es tranquilizador pensar que tiene algún sentido que estén allí.

Vale, pues si estás de acuerdo con todo lo dicho hasta ahora, tampoco tendrás mucho problema con el eslogan que Arturo Ángel Pérez, presidente de la  Asociación Contra la Tortura y el Maltrato Animal se ha currado: «No te dejes cremar, déjate devorar.

En esa frase se funde, en una carambola extraña y bizarra, un sí con letras de oro para las dos preguntas que hacía arriba.

Porque por si no lo sabías, los crematorios que en España se promocionan desde hace años como exponente de modernidad y respeto por los que se van al otro barrio, son altamente contaminantes. En la cremación de una persona se pueden quemar junto con el muerto un montón de cosas, todo un ranking macabro de la insalubridad ambiental:

  • Isótopos radioactivos de personas con cáncer.
  • Marcapasos que explosionan (junto con su pila).
  • Prótesis diversas (titanio, plásticos de última generación para sustitución de arterias y venas, …)
  • Mercurio de los empastes dentales.
  • Plomo del sellado de los féretros de personas con enfermedades infecciosas (o de alguna bala traidora)
  • Y si el tipo se ha suicidado comiéndose un bote de pintura o un cubo de petróleo ya ni te cuento

Así que, aparte de un agradable olor a carne asada, los vapores, humos, tufos, toxinas y metales pesados que suelta todo esto van al aire que todos respiraremos para disfrute de nuestros genes cancerosos.

Así que no debes estar a favor de la cremación si quieres respetar el medio ambiente. Pero en nuestra sociedad la otra opción que te queda es el enterramiento y eso tampoco es defendible ya que no podemos ampliar infinitamente los cementerios, espacios situados normalmente cerca de los escasos hábitats naturales que rodean nuestras ciudades y pueblos.

¿Qué coño hacemos entonces? ¿Dejamos a la peña tirada por la calle? Pues casi. Aquí es donde vienen los de ACTYMA con la solución (y con su amenazante logo con la cara del gato de Hitler). Además, ¿estáis al corriente de la problemática que supone encontrar carroña para los animales salvajes?

Los buitres van a empezar a parecer pingüinos de lo rollizos que se van a poner al comerse a los 380.000 españolitos que lían el petate cada año.

Pérez ha declarado que esto es común en algunos lugares como el Tíbet: «La gente, con mucho amor, se encarga de separar los huesos de la carne de sus seres queridos y luego expone sus cuerpos ante las aves para que se alimenten. En el momento que sólo quedan huesos, los familiares consideran que sus muertos van camino del cielo». Sí que van al cielo, en el estómago de los buitres, pero luego se olvida del resto del aparato digestivo y de la parte en la que los familiares se meten una hostia contra el suelo convertidos en mierda.

 

JUANJO VILLALBA

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