De Searching for Sugar Man ya sabes cositas. Incluso sin verla, te habrán dicho que es una peli bonita y que su protagonista es Sixto Rodríguez, un músico semidesconocido que ahora todos sitúan por encima de Dylan y que estará tocando en mayo en el Primavera Sound. Su director, el ganador de un Oscar a mejor documental Malik Bendjelloul, nos contó un par de cositas que igual tú no sabes porque no aparecen en la peli.
– Rodríguez odia las cámaras. Cada vez que el realizador sueco le entrevistaba, se giraba poco a poco, sutilmente, hasta acabar dándole la espalda.
– Fuera de cámara, Rodríguez habla por los codos. Principalmente de política.
– Las hijas de Rodríguez tienen madres. En el documental apenas se mencionan, pero existen. Las fotos en blanco y negro que aparecen en el documental son un mausoleo que cuelga de la nevera de su primera mujer, que sigue idolatrando a Rodríguez.
– Rodríguez tiene una segunda esposa. Aparece en las veintitantas primeras versiones de la cinta pero se bajó del carro en el último minuto. Malik sospecha que por problemas entre ellos.
– Rodríguez sigue felizmente con su segunda esposa. Tuvieron una crisis gorda gorda pero, aunque no viven juntos, siguen juntos. Según Malik, claro.
– Las propinas de Rodríguez a los taxistas son generosas. Estamos hablando de 50 dólares así porque sí. Lo que lleva encima te lo da. Es muy desprendido.
– La casa de Rodríguez sigue siendo un chabolo. Malik cuenta que el cantautor no necesita el dinero y por eso la fama y éxito repentinos no han cambiado en nada su humilde modo de vida.
– Sus amigos ñapas y obreros son también músicos. Algunos de los personajes que hablan en el documental combinan el pladur con la guitarra. Por lo visto es típico de Detroit.
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