
Imagen vía Flickr/ Cidades para Pessoas.
Nacido del desparche de los surfistas californianos durante la temporada de marea baja , el skate no ha perdido su esencia ni siquiera 60 años después ni a 2.600 metros sobre el nivel del mar. Es el antideporte por excelencia, uno al que llegan quienes no creen que haya que decirle ‘profe’ a nadie para llegar a ser bueno, quienes no creen en las banderas, los himnos ni los uniformes. El skate no vive en los X games que transmite ESPN, palpita en donde sea que haya concreto, una tabla, ruedas y gravedad. Es por eso que desde 2004 se ha venido celebrando en ciudades de todo el mundo el Día del Skate (en inglés, Go Skateboarding Day), una fiesta que se vivirá por décima vez este domingo en Bogotá.
Pocas veces un deporte logra combinar repetición y creación de la manera que lo hace el skate. A menudo escuchamos a los comentaristas deportivos sacar de su cajón frases como: «Nada está inventado en el fútbol» o «todo está por verse», pero suelen ser pura paja. El skate es el lugar donde habita lo improbable y día día quienes lo practican están empujando sus límites. Prueba de ello es el 1080, que Tom Schar hizo en 2012, un truco inédito logrado por un jovencito de 12 años.
Puro atrevimiento y rebeldía, eso es el skate. A pocos niños de cinco años los lleva el papá al parque a enseñarle cómo hacer un flip. Por eso es un deporte incomprendido: muchos lo asocian con delincuencia, drogas y daño a la propiedad.
Sin embargo, el skate puede llegar a ser todo lo contrario. El año pasado un parche de skaters bogotanos tuvo la iniciativa de recuperar un lote vacío ubicado en la calle 72 con carrera 24 y convertirlo en un skatepark que hoy en día se conoce como ‘Las Ruinas’. A punta de escoba y recogedor, los skaters lograron lo que los alcaldes locales no lograron desde sus despachos.
En realidad es imposible saber cuántos skateboarders hay en Bogotá, según la Secretaría de Cultura, Recreación y Deporte son 15.000, pero cada día nuevas personas toman la tabla mientras que otros la guardan (y ninguno se registra en ninguna parte). La ciudad tiene nueve skateparks, pero lo más popular sigue siendo saltar andenes, escaleras y muros. «Yo comencé montando por las calles del barrio, entonces lo mío siempre ha sido el street», me dijo Mateo Martínez, uno de los mejores skaters de Bogotá.
En Colombia, a pesar de no estar prohibido por el Código de Policía, el skate choca a menudo con la autoridad y ‘la autoridad’. «La policía y los celas siempre han sido nuestros enemigos», me decía Mateo Martínez. Sin embargo, el clima ha venido cambiando: uno de los ‘spots’ preferidos de Mateo es la plaza de Telecom, ubicada en la calle 22 con carrera 13, un lugar en el que los skaters ensayan sus trucos bajo la mirada de los policías del CAI vecino.
Aún así, Mateo piensa que todavía hay mucho por mejorar en la escena del skate bogotano: «No hay mucha unidad. En Bogotá somos muchos skaters, pero estamos como cada parche por su lado y no nos juntamos mucho».
Este domingo, el Día Mundial del Skate es una buena oportunidad para ver a a todos los skaters de Bogotá rodando en el mismo parque.
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