A veces sientes que los colombianos la tienen fácil cuando un día se levantan con ganas de hacer música. Les das una botella vacía de agua y, en lugar de reutilizarla o reducirla, se ponen a frotarla… Pero no creas que suenan como esos personajes de freak show que recorren la línea azul del metro defeño de arriba abajo deshaciendo oídos a cambio de monedas. No. En tres frotaditas a ese improvisado güiro ya estarás moviéndote como idiota y creyendo que llevan toda su vida practicando.
Pero a veces sientes que la tienen muy difícil también si un día deciden tomarse en serio sus incursiones en la música, porque cada vez es más difícil destacar nomás frotando botellas. Y si cuando su búsqueda tiene que ver con nuevas maneras de aproximarse a un folclor musical como el suyo, con múltiples afluentes y en el que los músicos no tienen que morir para convertirse en leyendas, sientes que la tienen casi imposible. ¡Pero lo consiguen! Por eso siempre has aplaudido, disfrutado y, sobre todo, bailado con las creaciones de esa especie de nuevo folclor colombiano que conforman Pernett, Choc Quib Town, Sidestepper, Systema Solar, Bomba Estéreo, Frente Cumbiero, quienes tomaron, a manera de botella vacía, las complejidades y la riqueza de los géneros vernáculos, pero con un impulso desde lo contemporáneo que ha conseguido crear nuevos mestizajes.
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Toda esta palabrería viene a cuento porque en el cartel de Mutek de este año, Colombia –y Latinoamérica entera– estuvo representada por De Juepuchas, quienes se autodescriben como un colectivo de música electrónica (Diego Maldonado y Santiago Uribe) cuyo principal recurso son las memorias y experiencias sonoras con las que se ve enfrentado el oído humano, independientemente de su ubicación geográfica o referentes culturales.
Sí, les hace falta un redactor que sepa poner en palabras la manera en la que suenan sin que podamos copipegar la frase y pueda describir a cualquier pandilla de productores fusionando electrónica con chicha, con vals, con canto cardenche, con los cantos de los pajaritos o con el ruido de las monedas al caer… «La idea es jugar con el sonido», dicen con conmovedora ingenuidad, como si fueran los primeros, los últimos o los no-va-más de usar los sonidos como legos, como jengas o como gallitos de badminton. Más preciso hubiera sido que te dijeran que su juguete favorito es el sampler… O que les gusta crear con él grandes rompecabezas pop que estimulan la nostalgia y subrayan que el futuro se construye inevitablemente de cachitos de pasado. O que comparten rama con Girl Talk en un imaginario árbol genealógico. O que entre sus películas favoritas están RiP!: A remix manifesto o Be Kind Rewind. O que cada una de sus canciones es un párrafo más de su propio manifiesto, en el que convierten en materia prima lo mismo la voz de un merolico que las famosas notas de sintetizador del «The elephant never forgets», de Jean-Jacques Perrey, que inmortalizara el Chavo del Ocho. O que su disco debut, Ser De Juepuchas Varios Años, está formado por mil recortes sonoros que juntos crean un paisaje tan bizarro como representativo de lo latinoamericano.
«Evocación continua en loops que nos transportan al imaginario colectivo», se escribió con gran tino en una revista de Bogotá, porque justo de loops se trató el último programa Expérience de Mutek, allá en Montreal, una tarde en la que sonaron además otras tres maneras de reconfigurar las paletas de sonidos y reimaginar tradiciones a partir de collages sónicos: Valentin Stip, Jesse Bru y Van Did. Esa tarde tuviste probaditas de la libertad que nos espera allá afuera, cuando la red esté habitada por la policía.
@peach_melba
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