DE URETRAS Y POLÍTICA

Tiempo atrás, existió 
un hombre Boloñés llamado Lugi Galvani. El, Un buen día de hueva, de esos
días que se te hace buena idea cualquier pendejada, decidió picar la espalda de
una rana muerta con un bisturí cargado de electricidad estática.  Noto que cada que lo hacía, las patitas sin
vida de la rana saltaban como si por un momento le regresara la vida. Luigi,
cagado de la emoción, escribió y publico un libro llamado: De viribus
electricitatis in motu musculari commentarius
. Cambiando radicalmente al mundo, inspirando a otros científicos y
empujando a una chica llamada Mary Shelley a escribir un cuentito para asustar
a sus amistades.

Por supuesto, todo
esto no sucedió de la noche a la mañana, pasaron muchos años para que alguien
pudiera encontrar una aplicación útil a los descubrimientos del buen Galvani y
en ese lapso de tiempo algunos listos se aprovecharon de la pendejez inherente
de la gente para hacer ganancias con lo que muchos llamaban «el secreto de la
vida eterna». Las descargas eléctricas en la piel para mantener la juventud se
hicieron igual de comunes que los viajes al spa de hoy en día y ,muchos
pensando que ya tenían la parte de la muerte resuelta, decidieron asaltar el único
motivador humano que quedaba por resolver:

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El sexo.

Si a Luigi le
hubieran dicho que usarían sus descubrimientos para meterse varas de cobre por
el orificio urinal, probablemente se la hubiera pensando dos veces antes de
revelarlos al mundo.

En fin, comenzaron
a vender maquinas que prometían restaurar la potencia sexual y todo por el mínimo
precio de meterte objetos de cobre electrificados por el agujero de tu elección.
Una situación donde todos ganábamos.

Todo esto me llevó
a pensar en el 5 de Julio:

Hay gente que, con
tal de que le sigas la corriente, te dirá que la solución a todos los problemas
de la vida, el universo y todo lo demás, pueden estar en la simple inserción de un objeto foráneo
en tu uretra o algo por el estilo.

Así que bueno, no sean pendejos,
voten como pelota, o con la cabeza, pero no con sus genitales.

A menos de que
quieran pasar medio sexenio con la «verga electrificada».

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