DENTRO DE LA CASA DE GADDAFI JR.

Tres semanas después de que pandillas de rebeldes anti-Gaddafi se congregaran en los desiertos de Libia, una protesta diferente se llevó a cabo en el suburbio del norte de Londres llamado Finchley. Fue ahí, en una mansión valuada en unos 16 millones de dólares, donde el segundo hijo de Muammar Gaddafi, Saif Gaddafi, conducía sus operaciones (Operaciones petroleras y shots de Tequila con los Blair).

Comparado con los palacios a los que los Gaddafi estan acostumbrados en Tripoli, éste un modesto depa de soltero, solo diez habitaciones complementadas con una alberca y un sauna, pero para Topple the Tyrants, que entraron al lugar desde el 9 de marzo, apoderarse de él fue todo un golpe.

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El grupo, cuyos miembros tienen algo de libio en sus venas, la han tomado en nombre de la gente de Libia. Ahora es algo así como una casa de preparación y albergue de emigrados libios. Fui a ver que se puede comprar hoy en día con dinero ensangrentado.

Cuando llegué, la casa estaba rodeada de un enjambre de periodistas freelanceros, equipos de TV y crosti-punks tratando de entrar. Después de una hora, un tipo llamado Oz salió de un piso subterráneo para decirle a las masas que esta no era una fiesta, antes de establecer una muy clara política de que TPSP (Todos los periodistas son unos pendejos). Nadie iba a entrar. El crosti más ebrio manifestó su rabia al orinar a los medios y la entrada de la casa de Saif.

A Topple the Tyrants no le pareció divertido.

Un mes de emails y llamadas después, me las arreglé para convencer a Topple the Tyrants de que me dejaran entrar a su casa. Y como pueden ver, son muy adeptos a las reglas, y pronto me dijeron que ciertas preguntas sobre la casa no serían contestadas y solo tendría acceso a ciertas habitaciones.

Les pregunté si el grupo había tenido algún encuentro con grupos pro-Gaddafi, y Billy me dijo sobre un libio con un perfecto acento inglés y un traje de $5,000 libras esterlinas ($95,000 pesos) que los vino a ver una mañana. “Cuando comenzamos a hablar parecía muy amable, pero después su tono cambió y comenzó a acusarnos de ser ladrones y a decirnos que nuestra familias sufrirían por lo que habíamos hecho. Me ofreció $40,000 libras esterlinas ($760,000 pesos) si me largaba inmediatamente. Le dije que no podía aceptar la oferta porque no es mi casa, y tampoco es casa de Safi, que eso le corresponde decidir a la gente de Libia. Se retiró rápidamente”.

En la cocina había un plato con chiles, lo cual me pareció, o una coincidencia muy grande, o un buen chiste sobre el contexto. A lo largo del conflicto, Gaddafi ha mostrado constantemente a los rebeldes como un grupo de salvajes que solo pueden enfrentar a sus fuerzas cuando se llenan la boca de LSD. En realidad, el único alucinógeno que los rebeldes consumem son grandes cantidades de chiles verdes que te alteran la mente. Me ofrecieron una probada, pero después de una conferencia con mi tímido paladar inglés, amablemente decliné.

Tanto Billy y Azrah tienen familia en Libia. Los tíos de Billy y sus hermanos están peleando en Misurata, esquivando francotiradores y rescatando a los niños soldado que Gaddafi usa para defender su régimen al borde del colapso. La familia de Azrah está bajo sitio en Tripoli, donde el régimen tiene a todos en constante vigilancia y se realizan arrestos todos los días.

“Lo que hay que entender es que esto no es una guerra”, explica Billy. “Es genocidio. Cuando los Aliados atacaron Irak y Afganistán, no fueron invitados por la gente, eso es una guerra, pero en Libia, la gente esta rogando que Occidente se involucre. No siempre se trata de petróleo, como muchos críticos piensan. Entregaríamos felizmente el petróleo si eso significara que Occidente puede salvar vidas civiiles”.

Todos los que viven en este testamento sangriento a Mamon, le tienen un particular resentimiento al hombre que compró las bocinas Bose y el refri Smeg, Saif. Se le considera el Gaddafi menos tocado, pero eso probablemente es porque se viste en Saville Row.

“De hecho, Saif fue el que promovió la compensación a las familias víctimas de Lockerbie”, dijo Azrah. “Recuerdo que se quejaba de que la gente estaba siendo tacaña, “qué pendejazo” pensé en ese tiempo. Gaddafi definitivamente fue el que ordenó (la bomba en Lockerbie). Ahora podemos hablar abiertamente sobre eso, pero antes de que liberaran a Abdelbaset Ali al-Megrahi (el único hombre sentenciado por la bomba), no se podía decir que era culpable. Las llamadas telefónicas fuera del país siempre han estado supervisadas, y las tarjetas SIM de prepago para celular solo se las venden a personas que permiten que les revisen su pasaporte. La libertad de expresión es algo muy nuevo en Libia”.

“Saif era nuestra esperanza para una mejor Libia”, continúa Azrah. “Fue educado en Occidente y siempre hablaba de reformas, pero cuando salió ese video de él con un rifle de asalto, llamándole perros a los rebeldes y diciendo que toda al-Qaeda andaba en drogas, esa esperanza murió pronto. Hizo que ocupar esta casa se sintiera tan correcto”.

La conversación llegó a un alto natural cuando le pregunté a Billy cual era el fin ideal a todos los enfrentamientos. “Sería mejor si el actual régimen dejara el poder y se rindiera inmediatamente”, dijo, “pero si eso no sucede, estaría feliz con ver a Gaddafi y a todos los miembros de su familia fusilados. Eso me haría muy feliz. Es lo que merecen”.

Y en ese punto un grupo de hombres entró gritando y me sacaron de la casa. De.La.Verga.

Los nombres han sido cambiados para proteger identidades. El tipo en la foto no es ni Billy ni Azrah, pero es muy amigable y hace unos chiles muy buenos.

HENRY LANGSTON

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