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EL CARNAVAL DE LAS ALMAS
Herk Harvey
Versus


¡Válgame el cielo! Pobre David Lynch; su deuda para con esta película es de echarse las manos a la cabeza, no va a poder pagarla nunca. Un fracaso comercial a su estreno en 1962, el único largo de ficción rodado por Herk Harvey—un prolífico realizador de documentales y cortometrajes educativos durante los años 50 y 60—, pasto de autocines y, como tal, visto y olvidado, tuvo su reválida con la llegada en los 80 de la televisión por cable. Recuperada con honores y convertida oficialmente en objeto de culto, se tiene hoy a Carnival Of Souls como precursora directa de algunos trabajos recientes de Lynch—unas cuantas veces fijo que la ha visto, y garrapateando notas—, y en algún aspecto, de La Noche de los Muertos Vivientes (la secuencia de los difuntos persiguiendo a la rubia protagonista); una anomalía cuya desasosegante, irreal atmósfera colocaba a medio camino entre el cine americano de género de serie B y el europeo de arte y ensayo; de hecho, de hecho, no la vería fuera de lugar en una hipotética sesión doble con Repulsión, de Polanski. Harvey explica en el documental que se sirve como extra que su intención era rodar algo en un fantasmagórico parque de atracciones que avistó yendo al volante, y que con el parque como obsesión animó al guionista John Clifford a que escribiera al respecto lo que quisiese. Con un presupuesto de treinta mil dólares, Carnival Of Souls se rodaría en las tres semanas de vacaciones de Harvey; casi medio siglo después, no pocos cineastas siguen tomando buena nota de los hallazgos de este modesto, pero prodigioso film.


COLECCIÓN JIM JARMUSCH
Jim Jarmusch
Avalon


¿Sigue siendo Jim Jarmusch un cineasta relevante? Eh… Creo que no he formulado bien la pregunta. A ver: ¿tienen las últimas películas del director de Mystery Train y Down By Law la relevancia de las primeras? Ah, mejor. ¿Conserva ahora que pone a sus órdenes a Óscar Jaenada y Luis Tosar el ascendiente de cuando hacía lo propio con actores que suplían con personalidad y carácter su condición de amateurs? Estas son las preguntas, en realidad una y retórica, que un servidor de ustedes se ha ido haciendo a medida que ahondaba en los cinco largometrajes que integran este voluminoso pack -oportuno, pues este año estrena película-, que comprende las obras del malospelos de Akron desde 1980 hasta 1991; es decir, las que van de Permanent Vacation a la ya cuestionable Night On Earth, pasando por Stranger Than Paradise y las dos arriba citadas, más un disco extra conteniendo material ídem relacionado con Down By Law. Excedería los límites de esta reseña establecer comparaciones—odiosas, dicen, pero tantas cosas lo son…—, entre estos films rodados con cuatro chavos y unos colegas prestando la cara y los que Jarmusch viene rodando de un tiempo a esta parte, léase la sobrevalorada Ghost Dog o la tramposilla Broken Flowers. Como cotejar una escribanía de época con una mesa diseñada por Mariscal, mismamente. No ha lugar. Baste con decir que si Jarmusch goza de una posición de privilegio dentro de la categoría “cine independiente” es gracias a los films que en este pack se ofrecen, y que revisitarlos supone un placer y casi una necesidad: refrescan lo suyo en plena canícula.



EL LUCHADOR
Darren Aronofsky
Sav/DEA Planeta


Mucho se ha escrito acerca de los paralelismos entre Mickey Rourke—las broncas en las que se ha metido, las tajás que ha pillado y los morros a lo Carmen de Mairena que se ha puesto, básicamente—, y su personaje, una estrella del wrestling que habiendo alcanzado el punto sin retorno de su decadencia, sin apoyos y sin amor y con un bypass en su corazón (de oro), huye hacia delante, abrazando un final probable y patético pero a su manera glorioso, coherente con su vida de hostias y lentejuelas. Mucho se ha hablado, digo, de la resurrección de Rourke tras tocar fondo, de su dignidad de perdedor que al final se sale con la suya y todas esas pamplinas que tanto gustan a los americanos. Yo no lo haré, pues ni soy americano ni creo que El Luchador precise de muletas sentimentales ajenas a sus valores intrínsecos, que aquí condensaré en tres. En primer lugar, Rourke, quien compone un personaje de carne y hueso, humano, tridimensional, cercano a pesar de lo grotesco; una mole rubia atiborrada de esteroides que escucha a Accept de camino a un combate y hace suya la máxima gladiadora de “Gloria o muerte”. Segundo, Aronofsky, que da nuevas formas a un material ya familiar tras décadas de películas sobre púgiles que encaran su decrepitud (Fat City, por ejemplo; sí, y Rocky), lo barniza de melodrama de los de antes y pilota el turrón con sobriedad. Y tercero, Marisa Tomei, cuyos bailes y curvas de madurita de las que te dejan seco le ponen a uno cardíaco cada vez que asoman. ¡Ay, ay, Marisa!

JESÚS BROTONS


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