Cada mañana cuando llego a las oficinas doradas de VICE enciendo el ordenador y entre chupito y chupito voy haciendo una rondeta de toda la prensa del día. Como soy un tipo de la vieja escuela y estoy empezando a considerarme una “persona adulta” realmente me gustaría hacer este repaso de actualidad tumbado en un sofá, leyendo y agarrando con mis dedos cada uno de esos periódicos impresos con tipos móviles y disfrutando del hedor de la tinta. Pero estamos en el siglo XXI y me veo condenado a navegar por un océano binario. A pesar de esta realidad, a veces encuentro cosas –y con “cosas” ahora me estoy refiriendo a auténticos momentos de genialidad- que me alegran el día. Este ha sido el caso cuando me he topado con esta reconstrucción del asesinato de Isabel Carrasco en el diario ABC.
El nivel de las ilustraciones es digno de una sensibilidad y unos referentes en el noveno arte que creía completamente alejados ya no de este periódico en concreto si no de toda la prensa generalista. Trazos dignos de un autor consolidado en la materia, briznas de brillantez dignas de editoriales como Fantagraphics, PictureBox o Highwater Books. Aquí va un pequeño análisis de cada una de las viñetas, centrándome sobre todo en cuestiones estéticas e intentando ignorar y opinar sobre el drama acontecido en León.
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Esta empieza fuerte, creo que el autor ha vaciado todo el cargador en esta viñeta. El tipo quiere dejar las cosas bien claras a los lectores desde el principio. Esto no se trata de una simple reconstrucción figurativa de una noticia de actualidad, estamos entrando en el terreno del arte y del lenguaje. La viñeta está limitada por una forma rectangular con una relación de aspecto cercana a los 16:9 de la panorámica cinematográfica. Con unos trazos que nos recuerdan a los finos cortes que utilizan autores como Yuichi Yokoyama o el omnisciente C.F. –autores que juegan con la descomposición del dibujo y nos acercan a una suerte de futurismo feísta- el autor nos propone una composición que recuerda al clásico de Munch, situando a los personajes de forma parecida y haciendo un uso similar del color, centrándose en tres tonos principales –verde-naranja-azul grisáceo. Por lo general en esta viñeta el mensaje está por encima de la forma. Por eso se tienden a utilizar formas geométricas y sencillas, sin buscar un realismo excesivo.
La composición juega un papel fundamental en esta obra. Tanto las líneas de fuga como los propios elementos del plano –esa recta del horizonte– apuntan hacia un único elemento divergente. Digo divergente porque al plasmarlo se ha utilizado un tono totalmente distinto al del resto del cuadro, el rojo (¿quiere el autor hacer referencia a la sangre, a la muerte?). Todas estas líneas que nos señalan el pequeño cuerpo manchado de rojo no hacen más que ensalzar la idea de considerar a este elemento como un objetivo dentro de un punto de mira. A él se le señala, a él se le busca, es, en definitiva, el objetivo del observador del cuadro, quien, por otra parte, está representado en el mismo cuadro, en escorzo. De algún modo el artista coloca a los espectadores (el pueblo) detrás del personaje que aparece en primer plano, de espaldas, por lo tanto, de algún modo, nos pone en la piel del asesino.
Entrando en detalle, vemos como la instantánea nos propone un discurso muy concreto. La mancha que representa la víctima (Carrasco) se aleja por un puente, haciéndose cada vez más pequeña, exaltando la idea de la marcha, de la desaparición, de la muerte. El puente simboliza el tránsito hacia otro mundo, es algo que conecta dos realidades distintas. Siguiendo el orden de lectura occidental (izquierda, derecha, arriba, abajo) vemos como el recorrido de la mirada sobre el cuadro viaja desde una realidad concreta y con bienes materiales (esas estructuras metálica sólidas y todas esas farolas ordenadas), representada en la parte izquierda, hacia esas propuestas gaseosas que ocupan la parte derecha, un mundo dominado por lo intangible, lo espiritual y también por esa idea de lo misterioso, de lo sombrío y de lo desconocido.
Sin duda en esta primera viñeta, la más importante de todas, el autor ya nos revela la idea que sobrevuela toda esta obra: el viaje hacia el hades.
En esta segunda viñeta nos alejamos un poco del modo de representación simplista que abundaba en la anterior para adentrarnos de lleno en el terreno de la acción. Este es el momento del verbo, del acto, esta viñeta representa la ejecución. Quizás por eso el autor decidió acercarse a un estilo que los más veteranos podremos enlazar con el Marc Silvestri de los cómics de Lobezno de los años 90. Sin duda la editorial Marvel es sinónimo de superhéroes y de acción, de movimiento y de eterno cambio. El autor coge el relevo y en la escena más intensa decide emular esos tebeos. La puesta en escena está lejos de ser espectacular, lo más correcto habría sido apostar por una splash page a la altura del momento. Aún así, supongo que para mantener cierta coherencia en el tono global de la obra, el autor ha querido suavizar un poco el nivel de espectacularización de la viñeta, quizás también por respeto a la víctima.
El formato rectangular se mantiene pero el autor decide utilizar una split screen para mostrarnos dos momentos distintos en el espacio y en el tiempo. En la parte de la izquierda nos propone un cambio de punto de vista, el observador ahora es alguien ajeno a la acción, se nos introduce un nuevo personaje con bastante torpeza, de espaldas y sin características demasiado destacables (¿quizá el pelo gris?). Es un ser que no es nadie, es la representación del ciudadano común. En la viñeta de la derecha nos muestra una especie de perspectiva isométrica que nos distancia totalmente del personaje, somos incapaces de sentir empatía por él. El autor no quiere que en ningún momento podamos entender sus acciones, el protagonista se ha convertido en un ente lejano, en una conjugación en tercera persona.
Esta es la viñeta que yo llamo de “transición europeísta” pues a partir de aquí tanto el trazo como el tipo de narración empiezan a mutar hacia tendencias más cercanas al cómic europeo que al norteamericano (más presente en la anterior viñeta). Es una forma de entender el cómic que toma como peso principal la narración, solamente retrata unas acciones por lo que el dibujo no aporta ninguna información adicional a la trama. Si me permiten decirlo, me parece bastante mediocre, totalmente alejado del autor responsable de la primera imagen de la serie.
Vamos de mal en peor. A modo de lección moral, el ilustrador nos sorprende con una viñeta que parece sacada de un folleto informativo del Cuerpo Nacional de Policía. El trazo afrancesado no inspira ningún tipo de doble lectura. El papel del lector no existe, no hay lugar para la interpretación, nos dejan las cosas claras. Acción/consecuencia, crimen/castigo. El artista en ningún momento se plantea cuestionar la autoridad ni preguntarse sobre la relatividad de los hechos según los distintos puntos de vista. El tono experimental de las primeras viñetas se diluye en esta lasaña de tópicos propios de las narraciones más clásicas y amaneradas.
Cuando una idea se realza con un uso formal inseparable del mensaje es cuando estamos ante una gran obra. En esta penúltima viñeta el autor refuerza la idea de control, poder y autoridad con ese background incomprensible y altamente simbólico. Líneas rectas y superficies frías que hacen referencia al poder del Estado y a su deshumanización. El personaje de la izquierda tiene la piel más clara, menos viva, y detrás de él flota ese cuadro estoico que simboliza el orden y el poder de las estructuras patriarcales. Es por eso que ella se rinde ante él. Por su parte, la chica de la derecha tiene unos tonos de piel más vivos y parece rendirse ante el sistema, dándole una dote a su nuevo compañero, jefe, amo, Dios. Me gusta como el autor juega con símbolos conocidos para mostrarnos una segunda dimensión repleta de interpretaciones poco visibles en un primer vistazo.
Para terminar, el dibujante nos zambulle en el típico epílogo cinematográfico en el que una voz en off y una secuencia de montaje nos resuelven la trama que han sido incapaces de manejar a lo largo de la propuesta narrativa. Es la representación gráfica del “y vivieron felices y comieron perdices” pero en este caso adaptándose a las exigencias dramáticas de la tragedia.
Pese a tener momentos irregulares, esta reconstrucción de los hechos no deja de sorprender por el uso que hace del lenguaje gráfico, algo que no estamos muy acostumbrados a ver en este tipo de géneros (las reconstrucciones de crímenes) y en este tipo de publicaciones (prensa generalista).
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