EL HIJO PENDEJO DE LA CASERA

Hoy me despertó el horrible timbre de la entrada. Es un «bzzz» de lo más odioso diseñado, supongo, para ser lo más anti-ignorable del mundo.

Era el hijo pendejo de cuarenta y tantos años de la casera. Eso le da a mi casera unos sesenta o setenta años, pero yo pienso que tiene más, pero estaba hablando del hijo pendejo, no de ella.

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El hijo pendejo es un tipo bajito, que siempre huele a agua de colonia Sanborns por las mañanas y a que corrió todo el día mientras le lanzaban limones por las tardes. Ronda por todo el edificio, esperando a que muera la vieja harpía que tiene por madre, para reclamar lo que por herencia le pertenece.

Al principio, pensé que tenía problemas de retraso mental, pero después de tratarlo y conocer lo malvado que puede llegar a ser, no se si sentir lástima o lanzarle piedras al pendejo.

El caso es que, el hijo pendejo maloliente de la vieja harpía, me despertó para cobrarme la renta, la cual fue pagada como siempre, a tiempo y de mala gana. Pero el retoño hediondo de la malvada terrateniente, en lugar de largarse y darse por bien servido, comenzó con larguísima diatriba contra su no-muy-despierto servidor. Música muy alta. Fiestas. Personas en el edificio a altas horas de la noche. Todo eso.

El problema, consistió en que nada de eso había sucedido en el departamento.

Soportando improperios, injurias, el héroe de esta historia, sin pronunciar palabras, solo agachó su cabeza. No tenía ánimo de confrontar al que bien podría ser el gemelo malvado, moreno y con retraso de Carlos Espejel. Y no Carlos Espejel de Chiquidrácula y con el resortes, el que más o menos te podía caer bien, no, Carlos Espejel, de hoy en día. Ick.

Me calmé con mi pipa de la paz y con pensamientos como: se le va a regresar, karma, My name is Earl, Lex Talionis, principios metafísicos de justicia, Kant, Kelsen y todo eso.

Quince minutos más tarde salí del depa. El engendro de la bruja, estaba con una coca cola en la mano, platicando con el encargado del edificio. Entraron por un momento a la oficina del tipo, y el hijo con retraso de la casera olvidó su refresco sin abrir.

Pasé a un lado de la botella de plástico, le dí una sacudida con toda mi fuerza y la coloqué de nuevo donde el hijo pendejo la había dejado.

En la tarde que regresé, me lo encontré de nuevo en la entrada del edificio. Tenía manchas en su camisa. Espero sean por mi culpa.

lio

(Vice Mexico en Twitter)

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