EL IMPERIO DE LOS PUNTOS

Más o menos en el mismo momento en el que la Agencia Nacional de Seguridad
empezó a controlar en 2005 las llamadas telefónicas, los textos y la actividad
en internet de los estadounidenses sin necesidad de una orden judicial, unos
representantes gubernamentales secretos y sombríos parieron una campaña de
vigilancia de impresiones que aún sigue vigente hoy en día. Mientras que las
escuchas telefónicas desaniman los ocasionales intercambios subversivos, esta
campaña paralela infringe el derecho básico de cualquier psicópata de publicar
de un modo anónimo y de soltar mierda libremente. Las impresoras modernas de
prensa (tu impresora estándar de color a láser, vamos) están programadas para
imprimir una matriz de pequeños puntos amarillos, invisible al ojo humano. Los
puntos están dispuestos según un patrón que puede codificar cualquier cosa,
desde el número de serie de la impresora al momento exacto en el que un
documento fue imprimido. Con un escáner y Photoshop cualquiera puede ver esos
puntos y, con un poco de paciencia y conocimientos, descodificarlos. Esto
quiere decir que si estás en Pekín y alguien encuentra la newsletter del Falun
Gong que tú imprimiste en tu HP 2600n, lo más seguro es que la policía china
acabe mutilándote los genitales.

Nadie sabe exactamente cuándo empezó lo de las pistas de
puntos en las impresoras, pero algunos lo fechan en 2000. Desde entonces, la
gente en oficinas, universidades, edificios gubernamentales y hogares de todo
el mundo han posibilitado, sin saberlo, que sus documentos privados puedan ser
investigados. Los puntos fueron cuidadosa y presumiblemente elaborados como una
medida anti falsificaciones en los encuentros secretos de los bancos nacionales
y centros de negocios de China, Europa y los Estados Unidos. Para poner en
marcha el plan, el Departamento del Tesoro y el Servicio Secreto americanos
hicieron algo más que preguntar simplemente a los mayores fabricantes de
impresoras si no les importaba instalar un «firmware» en sus aparatos.

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Cuando fue preguntado por las implicaciones de la vigilancia
sobre las impresiones, el vicepresidente de la Comisión Europea Franco Frattini admitió que era una cuestión de derechos humanos. La vigilancia
«puede dar lugar a una violación de derechos humanos fundamentales», dice,
«concretamente el derecho a la privacidad y a la vida privada». Uno de los
aspectos más chocantes del rastreo de impresiones es la poca información que
hay sobre ello. Los puntos amarillos han sido mostrados en las noticias menos
de una docena de veces desde que la californiana Electronic Frontier Foundation
(EFF) anunció públicamente su existencia en 2004.

Todo suena como si un alarmista conspiranoico se dejase
asustar por lo que parece un intento de un régimen hostil de usar estos puntos
como un modo de seguirnos, pero ¿qué hay del simple hecho de que meterse en los
asuntos de los demás es muy feo? Hablé con B. Mako Hill, un investigador del
MIT y fundador de Seeing Yellow, una organización anti puntos de seguimiento.
Seeing Yellow, junto con EFF, ha estado intentando difundir el mensaje sobre el
rastreo de impresoras desde 2005. Juntos han descodificado los puntos, analizado
los documentos a través de los recursos de Ley de Libertad de la Información de EE UU y
se han puesto en contacto con las empresas de impresoras y con el Servicio
Secreto para denunciarles por explotación de masas.

 

Vice: «Seeing Yellow»
suena como una página de fetichistas de la lluvia dorada. ¿Qué es realmente?

B. Mako Hill: El
objetivo de Seeing Yellow era organizar a montones y montones de gente para que
llamasen y se quejasen de sus impresoras. Hemos tenido a miles y miles de
personas.

Algo así como 17.000, ¿no?

Sí, esa es la cifra actual. Es un montón.

Pero la EFF vino primero.

La EFF
publicitó esto más de un año antes de que yo empezase Seeing Yellow. La EFF supo de los puntos muy
pronto, pero no necesariamente pronto para los puntos en sí: ya hacía como dos
años que estaban ahí, creo. Un número de personas decidió hacer algo al
respecto, o estaban enfadados por esto, y al menos una persona llamó al
fabricante de su impresora para quejarse de los puntos y, en concreto, para
pedir se que los quitasen. El fabricante no sólo no le dijo cómo se quitaban
sino que un par de días después se le presentó el Servicio Secreto en su casa y
le dijo: «Hemos oído que quieres quitar los puntos de rastreo de tu impresora.
¿Por qué un ciudadano que obedece la ley como usted querría hacer eso?». Le
hicieron un montón más de preguntas y le hicieron pasar un mal rato.

Habéis reunido un montón de documentos utilizando la Ley para la Libertad de Información. ¿Qué habéis encontrado?

Aún estamos en ello. La EFF, de hecho, ha recibido otra gran cantidad de
documentos del mismo modo. Mi opinión es que los documentos son incluso
graciosos. Cuando los pides debes ser muy explícito sobre lo que quieres. La
ley tiene un poco de truco porque no sabes lo que recibirás y es difícil hacer
buenas peticiones. La técnica normal es ser exagerado, con lo cual recibes
miles de páginas que en su mayoría van a ser completamente irrelevantes, ¿vale?
Pero por suerte a veces encuentras perlas. Ahora tenemos una idea de qué bancos
y organizaciones estaban involucradas en esto y del período de tiempo en que
sucedió. Estamos empezando a ser capaces de juntar las piezas de quién estaba
metido, quién pidió esto, quién planeó esto, qué empresas estaban involucradas
en la creación de estos puntos, si alguien fue forzado a hacer esto y de qué
manera o si simplemente se les pidió que lo hicieran.

Asusta que a alguien
que se preocupa por esto le pregunten que por qué quiere ser anónimo, como si
no querer que la gente de tu propio trabajo se entrometa en tus cosas fuese una
prueba de que eres un espía con algo que esconder. ¿Cómo respondéis a eso?

Una de las primeras cosas que Seeing Yellow hizo fue
imprimir copias a color de los Federalist Papers, que obviamente fueron
publicados anónimamente, en un principio, y que fueron muy importantes a la
hora de dar forma al gobierno de los EE UU. Fue simplemente un golpe sutil a la
idea de «¿Por qué quieres ser anónimo?». El hecho es que las publicaciones
anónimas han tenido un papel muy importante en la historia del gobierno
estadounidense.

¿Qué clase de cosas
puede decir una impresora sobre mí? ¿Sabe cuándo es mi cumpleaños y que tuve un
mal fin de semana?

No lo sabemos porque aún no hemos decodificado muchas de las
impresoras. Sólo tenemos una decodificación completa de una de ellas. Pero hay
una razón para creer que todas tienen, como mínimo, una información muy
similar. Hora, fecha, número de páginas, números de serie. Otras puede que
tengan potencialmente otro tipo de información. Si tu impresora tiene el nombre
de la persona que la compró, puede que esto se incluya también.

¿Hay alguien que haya
confesado la existencia de estos malditos puntos?

Todas las empresas de impresoras, según lo que sabemos, o
admiten que han puesto intencionadamente información identificable en las
impresiones de color a láser o han rehusado identificar de un modo u otro si lo
han hecho. Nadie ha dado un paso adelante y ha dicho: «No ponemos información
identificable intencionadamente en nuestras impresiones a color». Y no hay
razón para creer que ninguna lo haya hecho. Dicho esto, hay ciertos documentos
en los que no hemos sido capaces de encontrar los puntos de rastreo.

¿Qué pasa cuando
llamas a los fabricantes para quejarte?

Teníamos una
impresora de HP realmente muy buena, así que fue la primera empresa a la que
llamé. Normalmente, las impresoras de color a láser suelen ser de gama alta así
que el cliente suele recibir un servicio muy bueno. Estamos hablando de
impresoras de 5.000 o 10.000 dólares en algunos casos, así que lo que quieren
es tratarte bien. Las llamadas han cambiado con el tiempo, pero por lo menos al
principio llamabas y decías: «Hola, tengo esta impresora y hay unos puntos amarillos
en mi página». Ellos, el menos inicialmente, te contestaban: «No puede ser.
Parece que vamos a tener que echarle un vistazo». Y yo decía: «No, estoy
bastante seguro de que en realidad esto está puesto aquí de un modo
intencionado.

Pensaban
que se trataba de algún tipo de funcionamiento defectuoso.

En principio, la
gente del servicio de atención al cliente no sabía del tema y las
conversaciones eran realmente muy buenas. Acababan diciendo: «Escuche, le
mandaremos esto por escrito a nuestro supervisor». Así que teníamos la sensación
de que no debía haber ningún tipo de vía organizada para la gente que estaba
descontenta con esto. Con el tiempo, las respuestas eran un poco más prefabricadas.
Si llamases hoy te encontrarías con esto: «Sí, lo sabemos. Es intencionado.
Todo lo que podemos decir es que es algo coordinado con las fuerzas de la ley».
Ahí lo tienes. Ése es el modo en que la conversación termina hoy en día. Tienen
a miles de personas llamando y saben cuál es la rutina que hay que seguir en
estos casos.

¿No dicen
los fabricantes que es para prevenir las falsificaciones? ¿Os habéis tragado
esa porquería?

Yo lo encuentro
bastante creíble. Creo que es la razón inicial. Ciertamente, ha habido
bastantes iniciativas contra la falsificación en montones de otras cosas de
hardware. Por la razón que sea, el Departamento del Tesoro ha sido bastante
efectivo a la hora de adquirir software y hardware modificado para prohibir la
reproducción de dinero. Si tienes una copia del Photoshop y tratas de escanear
un billete de dólar, el programa, intencionadamente, no te dejará hacerlo. En
algunos casos es por un detector de dinero y en otros te dirá que hay algo que
está roto. En realidad, buscan patrones para identificar dinero y esto está
siendo así desde hace mucho tiempo.

Vamos, tiene que
haber un escándalo o una conspiración en alguna parte. ¿Habéis encontrado
evidencias de que el software de rastreo ha sido utilizado para algo que no sea
atrapar falsificadores?

Ha habido presentaciones en conferencias de examinadores de
documentos privados sobre utilizar los puntos de rastreo. Así que sí. Es cierto
que la gente sabe de esto, gente de fuera del gobierno sabe de los puntos de
rastreo y sabe cómo decodificarlos.

Lo que me deja loco
es que cualquiera que esté al tanto de esto y que aprenda a descodificar los
puntos puede rastrear a cualquiera. Es poner una competencia de vigilancia en
las manos de cualquiera que se tome la molestia de aprender sobre el tema.

Exacto. La gente dice cosas como: «Estoy trabajando en este
software para imprimir un patrón de puntos amarillos de interferencia en la página,
de modo que hagan que los otros puntos sean ilegibles». Tiendo a no hacerme
muchas ilusiones sobre estos proyectos. Y la razón no es que crea que no
funcionarán o que yo crea que no serán efectivos para cierta gente. No estoy
tan preocupado por el tema en el caso de la gente que sabe que los puntos están
ahí. El problema es que la gran mayoría de gente, cuando imprime uno de sus
documentos, no tiene ni idea de que están ahí. La gente cree que es mucho más
anónima cuando imprime documentos de lo que en realidad es. Lo peor de todo
esto es que han sido puestos sin el conocimiento de nadie y que nadie puede
quitarlos.

ALEX DUNBAR

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