No hay nada como oler el humo de crack que se cuela por tu ventana un domingo por la mañana para sentirte feliz de aún estar vivo. Eso, y escuchar el Bleach de Nirvana al pasar por delante de una ventana abierta. No sé por qué no lo he escuchado desde que tenía 13 anos. Es un discazo.
Esta semana he estado pensado muy en serio en la posibilidad de ser la reencarnación de Jesucristo. Yo sería un gran Mesías. Adoro a los niños. También tengo mucho gusto en el vestir. Es como si pudiera predecir modas meses o años antes de que ocurran. ¿Ese amarillo limón claro que tantos llevan? Yo, en el 2003. ¿Tiradas en cassettes de 60 minutos? En el 2006.
Pero bueno, soy consciente de que para triunfar como Mesías debería
salir a la palestra con una idea que perdure, atemporal. Como el
antisemitismo, por ejemplo.
No sólo soy un detector de modas más infalible y adelantado que el
sistema de alarma defensivo de los USA, también he tenido este extraño
dolor en las costillas durante dos semanas. De hecho, desde que empecé
con este rollo del Mesías. Será una señal, ¿no? Quizá debería ir al
medico, pero sacar el número de la Seguridad Social es un lío horrible.
Y paso de ir y que me manden al final de la cola porque me he olvidado
una maldita fotocopia.
Hablando de burocracia, hace años tenía una amiga que trabajaba en una
oficina de expedición de pasaportes en Francia. Empezó a robarlos para
venderlos, pero se dieron cuenta que algo pasaba y empezaron a revisar
las bolsas de los empleados. Se los metió en el coño. Nunca he
entendido por qué las tías no llevan más cosas allí dentro. ¿Sería más
útil y como más natural, no? Como los canguros. ¿Se hace ropa de
canguro?
Anoche el Elástico fue más aburrido que un polvo alcoholizado. Nunca es
buena señal que la gente que mola te lleve a un lado y te mire a los
ojos como preguntándote por qué la música es tan insoportable. Me sentí
tan mal por no poder cogerlos a todos de la mano y, a través de una
cortina dorada, conducirlos hasta una sala llena de muchachas
sonrientes bailando clásicos del 78 pinchados por un DJ septuagenario…
No os preocupéis. Estoy en ello.
Por suerte, no sólo ha sido una de esas semanas en las que te
emborrachas casi sin proponértelo. Había algo bueno en El Patio de las
Maravillas el pasado viernes. Un chino-canadiense que vive en
Dinamarca. Compré su CD-R y suena como si una panda de boy scouts
tocaran canciones de Beat Happening con instrumentos caseros. También
había una tía buena con un labio leporino. No sé por qué, pero me
encanta la gente con deformidades que sale y triunfa. El otro día ví a
un viejo en el Palentino al que le faltaba media cara. Es más divertido
si empiezas a ver el mundo como un sitio poblado por personajes de
dibujos animados. Todos lo somos. Es como estar en Nickelodeon. Por
cierto, una cosa más: ¿alguien más opina que los irlandeses son
insoportables? ¿O estoy sólo (también) en esto?
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