Después de que David Foster Wallace se suicidase en 2008, era más que inevitable que en cuanto saliera su inacabada, absurda y demasiado anticipada continuación de La broma infinita, se produjese un inmenso orgasmo intelectual capaz de estremecer a todo el mundillo editorial y literario. Quiero decir que estamos hablando de DFW, uno de los tipos que probablemente estuvo en el top siete o así de los constructores y manipuladores de la prosa en la historia de la lengua inglesa. Tenía tanto talento, y tanta dedicación y era tan perfeccionista que resulta absurdo -algo sacado de uno de sus propios libros- que esas cualidades existiesen en una única persona con el número normal de miembros, ojos, orejas, etc.
Así que tienes a esta figura sobresaliente del mundo literario, y muere -se mata, que viene a ser la muerte más romántica y literaria que existe, siempre que no conozcas a la persona en cuestión- antes de que pueda acabar la novela masiva en la que estuvo trabajando más de una década; puedes ver lo fácil que es romantizar toda esta movida. Visto desde esa perspectiva, habría que imaginarle suicidándose por ser incapaz de acabar su novela, pensar que el libro le mató, que era una cosa tan imposiblemente brillante y compleja que ni el propio Maestro pudo escribirlo y murió por ello. El libro se convierte en su secreto, en oscuro artefacto, imbuido de los poderes y las propiedades de una muerte famosa -lo que no desalienta las ventas, imagino.
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Little Brown, la editorial de The Pale King (que es el libro del que estamos hablando, obviamente) ha estado dándonos la paliza con el rollo de que este es LA PUBLICACIÓN JODIDAMENTE MÁS IMPORTANTE DE LA HISTORIA. Para conseguir un ejemplar de pruebas del libro he tenido que firmar un contrato de confidencialidad que decía que no podía escribir ni twitear nada sobre el tema hasta hoy, como si me hubiesen dado los papeles del Pentágono, o algo así. Otros medios también aceptaron esas condiciones, y luego las ignoraron en un frenesí por lanzar una reseña, o un ensayo o cualquier otra cosa en Internet, lo que sirvió sólo para reforzar la idea de que The Pale King era básicamente la Segunda Venida que los verdaderos creyentes han estado esperando todo este tiempo.
“La espera ha terminado: The Pale King ya está aquí, y estamos seguros de que superará las expectativas de toda la audiencia entusiasta de Wallace… Una novela completa y satisfactoria que resulta a la vez hilarante y aterradora”. Esto está sacado de la nota de prensa, en la que se desliza constantemente sobre la idea de que la muerte de Wallace y el proceso de convertir un trabajo a medias -un porrón de páginas, capítulos y archivos de ordenador ligeramente conectados- en un libro. La nota interior del editor, escrita por Michael Pietsch, es más honesta: “Creo que David aún estaba explorando el mundo que había creado no llegó a darle una forma final”, escribe, y señala que ni si quiera se trataba de un boceto completo, así que es imposible determinar cuán inacabada fue esta novela inacabada.
No está acabada, eso seguro, no importa lo que insinúe la prensa. Leer The Pale King es como dar vueltas alrededor de una mansión a medio construir, donde funciona el baño dorado y la mesa del comedor está hecha de madera pura, pero la segunda planta no tiene techo y las hojas que caen se cuelan por los huecos en los que debería haber ventanas. Algunas partes del libro funcionan como novelas sueltas, y cuentos que podrías leer sin necesidad de ningún contexto, y existe una ligera sensación de que todo responde a una especie de argumento soterrado- y después el libro se acaba, porque es todo lo que pudo escribir, literalmente.
Las notas de Wallace, reproducidas en la contracubierta del libro, dan una idea de cómo debería haber sido el producto final, pero también cuenta lineas completas del argumento que nunca llegamos a leer en el texto. Hay muchísima prosa brillante y de ideas y material comprimido en esas quinientas páginas de palabras, pero no dan para una novela completa. Estoy convencido de que no soy el único lector que llegó al final y al que le cabreó que el tipo no hubiese sido capaz de esperar a acabar la novela antes de acabar con su vida, por el amor de Dios.
The Pale King debería haberse publicado: 500 páginas de Wallace que nunca leímos es un buen regalo para los más fanáticos; los académicos ya tienen algo sobre lo que debatir; y no cabe duda de que Little Brown va a hacer un montón de dinero sacándolo a la venta. Pero me preocupa que toda esa publicidad tan trabajada y todo ese culto al héroe muerto haga de este trabajo no-acabado-del-todo más popular de lo que debe. Ahora lo veo: como con Freedom, de Jonathan Franzen, The Pale King será más que un libro, será un accesorio y un tema de conversación. Su cubierta resaltará en las páginas satinadas de todas las revistas de libros desde Bushwick a Tenderloin. La gente hablará de ello como “La última novela de DFW”, y habrá reseñas a mansalva, si es que es posible “reseñar” algo que nunca se terminó.
Quitando toda esa publicidad, y la mitología y The Pale King, seguramente es el libro menos esencial de DFW, excepto quizás por todo ese material filosófico que escribió que yo no entiendo. Antes de morir escribió dos novelas, tres libros de cuentos, y un montón de trabajos admirables de no ficción, todos acabados. Vuelve atrás y léete ese material -es divertido, intuitivo, y seguramente te haga más listo, te lo prometo. Aprenderás algo de cada uno de sus libros- el problema con The Pale King es que la lección que aprendes es que similar a una muerte súbita.
HARRY CHEADLE
(Si de verdad quieres saber de qué va el libro, trata de un puñado de tasadores en la América del medio oeste durante los años 80 y las políticas del Departamento del Tesoro de la época. Pero no sólo habla de eso, obviamente. Si aún no estás preparado, lee La broma infinita.)
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