EL SURF, ESE DEPORTE SUDAFRICANO

África vuelve a ser noticia estos días por su homofobia y por el asesinato de David Kato, un activista por los derechos de las minorías sexuales en Uganda señalado por la prensa del país. Como demuestra El País Semanal cada puto domingo, aún es difícil pensar en este continente sin acordarse del sida, la tuberculosis, la discriminación racial y la criminalidad. A pesar de ello, Ciudad del Cabo sirve de escenario para muchas de las películas que vemos hoy en el cine, por sus paisajes. Productoras como Razor Sharp Films o Glo Films se han afincado allí. Matías Basso es director de documentales y acaba de empezar el rodaje de African Surf Academy, un trabajo sobre Palama Metsi, una academia de surf de esta ciudad que trata de sacar a los adolescentes de la delincuencia (algo así como un cruce entre Mentes peligrosas y Le llaman Bodhi). Basso pasó por Barcelona esta semana para buscar financiación para el proyecto. Aquí nos cuenta de qué va su historia.

Vice: ¿Por qué un documental sobre una academia de surf en Sudáfrica?
Matías Basso: Porque me interesó la historia de su fundador, Shafiq. Le conocí en Ciudad del Cabo. Se ganaba la vida como conductor guía de rodajes y de algunos diseñadores de moda. Me explicó que había montado una academia de surf por cuenta propia y que recogía a niños de la calle. El documental cuenta la historia de este hombre de treinta años y uno de esos niños, Junaid, de dieciséis, el líder de una banda callejera.

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¿Cómo se conocieron Shafiq y Junaid?
La banda de Junaid iba por la misma playa en la que surfeaba Shafiq. Un día Shafiq se hartó de que le molestasen y le propuso a Junaid que se subiese a su tabla. Esas tablas son muy difíciles de manejar y muy fáciles de romper, pero al chaval no le costó nada surfear al primer intento. Shafiq vio algo en él, decidió adoptarlo y ahora vive en su casa. La situación actual es que su mujer no se lleva demasiado bien con el crío. Hay que entender que Junaid empleaba el pegamento como somnífero y era cleptómano. Tampoco es fácil para él adaptarse a ese nuevo estilo de vida. Veremos qué ha ocurrido cuando vuelva a Ciudad del Cabo.

Explícanos cómo funciona Palama Metsi.
La idea es que sirva de gancho espiritual para las bandas de niños callejeros. La academia hace tratos con escuelas de la zona. Si los chavales quieren meterse en la academia tienen que inscribirse también en una de esas escuelas. Si quieren asistir a competiciones de surf tienen que sacar buena nota. Algunos han llegado a participar en competiciones internacionales. Es una manera de sacarlos de las calles, de la droga y de la explotación infantil.

Supongo que el gobierno subvenciona la academia.
No, la verdad es que no. Shafiq la montó hace dos años por su cuenta y sin pasta, y poco a poco se unieron voluntarios. Al principio tuvieron que pedir tablas prestadas y trajes usados. Este año, por fin, han encontrado un patrocinador.

¿Se surfea igual en Ciudad del Cabo que en California?
Si te refieres a técnicas, sí. Pero hasta hace muy poco el surf era para blancos. Era una regla no escrita, pero que todos respetaban. Cuando Shafiq empezó a surfear con sus amigos, tenían que buscar playas apartadas. Hoy esto ya no pasa y te encuentras a blancos y a negros surfeando sin problemas. Shafiq, además, ha descubierto hace poco que el surf proviene de la Polinesia; es decir, que lo inventó gente de color.

Ah, como el cristianismo. Tú eres surfista aficionado. ¿Ya sabías subir a una tabla cuando llegaste a Sudáfrica?
No, a mí me inició en esto Shafiq.

¿Y te ha hecho creer también en esa comunión con el mar?
Sí. Para mí no representa una forma de vida, pero sí un camino a seguir. Un camino muy duro, la verdad.

Tus primeros trabajos fueron historias de ficción. Guionizaste parte de Los hombres de Paco y trabajaste también en La muerte de Sócrates. ¿Aburrido de la ficción?
No, combino ambos géneros, pero los documentales son para mí algo visceral. Uno se enamora de la realidad. Las historias se cuentan de dos maneras: unos prefieren encerrarse con su imaginación y narrar desde su habitación y otros prefieren compartir la vida con los protagonistas de sus historias. Yo prefiero contar la historia con ellos porque es una forma de aproximarme a lo que estoy contando.

¿Qué harás si al volver a Ciudad del Cabo ya no hay conflicto entre Jumaid y la mujer de Shafiq y te quedas sin historia que contar?
Tendré que buscarme otro protagonista. Los chicos malos suelen ser mejores surfistas, no sé por qué. Si me quedo sin conflicto entre Shafiq y Junaid filmaré a uno de ellos para poder contar la transformación del surf.

BORJA CRIADO

Foto: Ismael Llopis

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