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Es hora de hablar de Joe Cole

Tan sólo por un segundo no permitas que la realidad de los últimos años estropeen la imagen —aquel pulcro retrato de Joe Cole con cabello abultado portando la playera del Chelsea, recorriendo por todos lados la cancha—.

Concentra tu mente en el pasado, a mitad de los 2000: ¿A quién ves? Obvio, a Nobby Solano y a Arjen ‘Iron’ Robben con cabello. Pero mira más de cerca, más allá de la compilación pre-YouTube de vídeos sobre Heskey y Morten Gamst Pedersens, y verás a Joe Cole.

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Joe Cole subiendo y bajando por la banda. Joe Cole haciendo trucos que ningún otro jugador inglés se atrevería a hacer, por miedo a ser criticados al intentar algo diferente. Fue Cole quien anotó aquel gol en la Copa del Mundo en 2006 —que celebró como un mesías reservado quien por un momento se había dejado llevar por la emoción. Siempre fue él. Él fue la respuesta de la perenne pregunta por parte de los aficionados ingleses, «¿a quién tenemos en la izquierda?» Teníamos a Joe. Y no se olviden que esto sucedía durante la famosa «generación dorada.»

Pero ahora juega futbol en la League One con el Coventry City.

Y con ello, llegamos al meollo del asunto: ¿Qué le pasó a Joe Cole? O mejor dicho, ¿Qué le pasó al futbol como para que este genio, alegre, pícaro oriundo de Camden —calificado como brasileño por el mismísimo Pelé— aterrizara en la Ricoh Arena y sobre las riquezas del territorio de la tercera división?

Bueno, por una parte fueron las lesiones. La carrera de Cole estuvo plagada de molestias y daño en sus rodillas y ligamentos. Por lo general, las lesiones graves en piernas tienden a quitar la explosividad en los jugadores. Pero pueden tener menor impacto dependiendo del lugar en donde se generen, la naturaleza de la misma, y del jugador que las padece. Por ejemplo, Michael Owen no fue el mismo después de una serie de lesiones en el tendón de la corva, el culpable famoso por acabar con la velocidad de los jugadores. Aquellos futbolistas que no dependen de un ritmo acelerado pueden adaptarse al juego. Cole era un jugador que siempre pensaba ir hacia delante; a menor ritmo, menor potencia.

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La edad es otro factor. Cole tiene 34 años, algo sorprendente para alguien que parece de 23, pero Gerrard tiene 35 y Lampard 37. A los 34, Stevie y Frank seguían jugando (y aún eran importantes) en el Liverpool y Chelsea, respectivamente. Cole ha estado en el olvido por cinco o seis años. Lo que nos sorprende es que, dada su habilidad en su apogeo, no fue capaz de madurar y consolidarse en un futbolista que permaneciera relevante.

¿Acaso se debe a que no recibió el mismo cariño de un club dispuesto a guiarlo de la misma forma en que acogió a Stevie y Frank? ¿Será que los mediocampistas defensivos pueden bajar su nivel y aún así consolidarse en una posición, mientras que los mediocampistas de ataque simplemente no pueden hacerlo, o al menos, sufren más para adaptarse, en cuanto a habilidades, a una era donde la velocidad lo es todo? Probablemente es un poco de todo. Joe Cole, recuerden, fue el futbolista que ningún entrenador sabía donde o cómo colocarlo. Fue el Glenn Hoddle de su generación.

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A pesar de contar con gran experiencia y una elegancia permanente que todos sabemos aún existe —nadie le pega al balón como lo hizo en 2006 si no tiene algo de talento— desapareció del campo de forma lamentable. Ahora está rezagado en el baúl de los recuerdos, y sólo se le menciona en las documentales pre-2010 de la Premier League.

Como sea —recuerden que las lesiones son unas bastardas; por cada Ryan Giggs, hay un Dean Ashton— al menos se está despidiendo de la forma correcta. Los fans del Coventry me informan que sigue siendo un jugadorazo, su presencia en aquella región sigue siendo surrealista, y su toque de antaño sigue estado ahí.

El hecho de que haya optado por jugar futbol, y no recolectado cheques mientras se sienta en una banca de la Premier League, dice mucho de este hombre y de dónde proviene. La historia de Cole habla de la determinación —fue adoptado desde pequeño por una familia de clase media sin la más remota idea de que su hijo se convertiría en futbolista— y del apoyo incondicional de sus padres, al mismo tiempo que el deseo y el talento provenían de su interior.

Se trata de un tipo que sólo quiere jugar; olviden las orgias tailandesas y los cagados zapatos de diseñador. En una era donde los jugadores exprimen al máximo los contratos antes de seguir adelante, hay ciertamente algo de qué hablar sobre Joe, el hijo pródigo de Camden, y la joya olvidada de Inglaterra.

@nick_thompsonog

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