Foto de Marc Rosés Vega
Mencionar la guerra civil española y su posguerra no es ya razón suficiente para que el sector más joven de la población, gente que conoce estos episodios de oidas, se digne desviar la atención de sus asuntos durante poco más que unos segundos. En otros segmentos, no obstante, el conflicto sigue siendo una herida, cerrada o abierta según a quién le pregunten. Ex director del Museu d’Història de Catalunya, ensayista y autor de numerosos libros sobre el tema, Josep María Solé i Sabaté es uno de los más respetados historiadores del país y una de las personas que más ha hecho por llevar luz a ciertos aspectos, negros más que oscuros, de nuestra historia reciente. A pesar de ser un hombre ocupado, el señor Solé i Sabaté no tuvo inconveniente en dedicar parte de su tiempo a hablarnos acerca de su temprana vocación, el impacto de la guerra en España y Catalunya, en qué medida la sociedad española ha madurado lo suficiente como para debatir abiertamente sobre el conflicto y la posibilidad el día de mañana de repetir, o no, los errores de ayer. Nos citamos muy cerca de la catedral de Barcelona, concretamente en la Plaza de San Felip Neri, en cuyas paredes permanecen visibles los impactos de metralla del bombardeo con que la aviación italiana mató aquí a 42 personas en enero de 1938. La placa conmemorativa dice, sin embargo, que fue la aviación franquista. “Eso es mentira”, sentencia Solé.
Vice: ¿Qué hizo aflorar su vocación de historiador? ¿Qué hechos históricos le marcaron tanto como para decidirse a estudiar esta carrera?
Josep Maria Solé: Bueno, lógicamente en lo que más he trabajado, lo que despertó mi vocación, fue todo la relacionado con la guerra civil y la posguerra. Mi padre fue un joven de Lleida de la Quinta del Biberón, maestro de escuela e hijo de maestros. Él me hablaba de sus compañeros que murieron en la batalla del Ebro. De pequeños, mi hermano y yo hacíamos la broma, cuando no encontrábamos a alguien, de preguntarnos: “¿Dónde está éste?” Y yo decía: “Murió en el Ebro”. Recuerdo, nunca se me olvidará, que en el año 1974, cuando dije que quería estudiar la guerra civil, historiadores muy importantes en aquel momento me dijeron que eso ya no interesaba a nadie. Aquello me sorprendió mucho. Mi padre murió poco después, y en su último viaje quiso ir al lugar donde se libró la batalla del Ebro. Yo sentía adoración hacia él por el gran esfuerzo que hizo por que sus hijos pudiéramos estudiar. Recuerdo que me dijo: “Fíjate si éramos jóvenes, si eran niños aquellos muchachos, que muchos no conocieron el amor”. Tiempo después, pensando en ello, comprendí que me estaba hablando de él mismo. Me impresionó muchísimo. Nunca he perdido la vocación de estudiar la guerra civil y la posguerra.
¿La vieja quinta de historiadores decía que la guerra no interesaba? Increíble.
Bueno, esto no es un caso solamente español. Tanto en España, con la guerra civil, como en Europa, tras la segunda guerra mundial, se decía que las guerras no servían para hacer una carrera académica. Afortunadamente los que decían eso se equivocaban. Todos los países que han sufrido una guerra civil tan profunda quedan heridos en la entraña de su conciencia, y esa herida no cura en generaciones. Cuando Bill Clinton ganó las elecciones, había una típica escena en la que Al Gore, del norte, y Clinton, que nació en el sur, comentaban sentados en un porche que ahora sí podía decirse que habían superado la guerra civil. Y de eso hacía 140 años… En fin, esto es normal, todos los países que han padecido una guerra tan radical como la nuestra tratan de no mencionarla, porque su mención tiende a incordiar a mucha gente.
¿Cómo eran sus padres? ¿Participaban activamente en política?
Mi padre era dos años mayor que mi madre. Al terminar la guerra pudieron terminar los estudios de magisterio; fueron maestros, digamos, fundacionales en varios pueblos de la provincia de Lleida. Siempre fueron personas católicas, creyentes, catalanistas, gente de espíritu republicano. Yo diría que liberal, de centro-izquierda como mucho… Simpatizaban con la Generalitat y con los valores republicanos, aunque nunca militaron en nada. Ellos estaban muy decepcionados con lo que veían: la conducta del ser humano, los partidos políticos, el franquismo… Decepcionados con todo. Por supuesto, lo escondían, no hablaban de esto con nadie. Eran gente normal y corriente, gente sencilla. Como la mayoría de las personas del mundo.
A España vinieron muchos extranjeros a luchar contra las fuerzas fascistas. Es evidente que la guerra civil española no sólo tuvo un impacto aquí, sino también en el resto del mundo. ¿Qué efecto tuvo la contienda en Catalunya, donde el clima político era ligeramente distinto al del resto del país?
Es indudable que en su momento la guerra impactó a todo el mundo. Sectores de izquierda y de derecha, sectores comunistas, socialistas liberales, demócratas, conservadores. Incluso Hollywood se hizo eco. El caso de Catalunya es especial, ya que Catalunya intentaba una revolución insólita en la historia de la Humanidad. Una revolución en la que aquellos que rechazaban el poder, la CNT-FAI, lo obtuvieron. Probaron experiencias de colectivizaciones, propiedades colectivas; proyectos que en su momento fueron muy audaces, y que después, al estudiarse, uno se da cuenta de que no funcionaron. El experimento fracasó por contradicciones internas y problemas con sus aliados de los partidos políticos, pero en el fondo por conflictos conceptuales. Y, después, por el desarrollo de la guerra, la derrota en la guerra. Toda una serie de circunstancias contribuyeron al fracaso del proyecto anarquista en Catalunya. Esto marcó profundamente a toda una generación. A veces el historiador tiene que ser políticamente incorrecto y explicar las cosas tal como ocurrieron, aclarar que los sueños fueron sueños pero las realidades fueron otras. Y al confrontar realidades y sueños, claro… Esto explica muchas de las frustraciones de tantas personas que creyeron en estos sueños que fracasaron.
En un debate que se celebró durante las últimas elecciones, Mariano Rajoy dijo exactamente lo mismo que los historiadores le dijeron a usted en el 74: que la guerra civil ya no interesaba a nadie. Parece que en pleno 2008 sigue siendo nuestra asignatura pendiente…
En una asignatura lo importante no es la nota que saques sino que conozcas bien el tema, que lo comprendas y lo puedas explicar, divulgar y dar a entender a otros. Yo creo que se ha avanzado muchísimo, a pesar de la voluntad explícita de los partidos políticos hasta fechas recientes de utilizar la guerra como arma política. En la época de Aznar, el PP se cerró a enfrentarse al pasado, a pesar de que la sociedad quería saber muchas cosas que habían ocurrido: las fosas, las desapariciones y otros sucesos. Ahora se ha avanzado bastante en esta voluntad de recuperación de la memoria histórica. Lo grave del caso es que los historiadores ya habíamos cumplido nuestra función, pero nuestro trabajo no llegaba al conjunto más amplio de la sociedad. Lo cierto es que se ha dado una cierta utilización política por parte de otros partidos políticos, en este caso del PSOE, atribuyéndose una voluntad de recuperación de la memoria histórica cuando en años anteriores lo había olvidado totalmente. Pero bueno, esto tiene mucho que ver con coyunturas políticas concretas; yo creo que hay cada vez más sectores de la sociedad que desean saber, enfrentarse y reflexionar sobre el pasado. Cada vez quedan menos zonas opacas.
La Generalitat incluso dispone de un departamento dedicado a la localización y exhumación de fosas comunes…
Esto lo puso en funcionamiento Iniciativa per Catalunya, y a nivel de Estado contribuyó la presión que hizo Izquierda Unida. Hay que sumar que la Generalitat tiene, desde hace siete u ocho años, un organismo que se dedica a esto y que lo está haciendo bien. De una forma absolutamente ecuánime: desde asesinatos cometidos aquí en Catalunya bajo período republicano hasta los asesinatos, las muertes y fosas comunes realizadas por el avance del ejército nacional. En otras zonas de España no se ha hecho tan bien porque no se ha dado esta especie de actitud conjunta de intentar conocer totalmente el pasado. Esto tiene bastante que ver con el color del poder político, de las circunstancias: cuándo fue la guerra, cómo, en qué momento y en qué lugar. No se puede hacer una ley general, ya hay lugares donde se está haciendo mejor que en otros sin que el color político tenga que ver. Aunque sí que influye en zonas donde el PP está dominando. La verdad es que son los lugares en los que se está trabajando menos en este sentido.
¿Cómo cree que hubiera evolucionado España de no suceder la guerra civil?
Bueno, al historiador siempre le cuesta mucho hacer ucronías, pero es lógico pensar que España hubiera seguido un ritmo de evolución similar al de otros países de Europa hasta alcanzar la posición en la que ahora estamos. Supongo que hubiera ocurrido esto.
Probablemente conozca Tierra y Libertad, la película de Ken Loach. ¿Refleja fielmente lo que sucedió?
No, no. El nombre ya es erróneo, es un lema anarquista y la película se basa en conceptos más bien cercanos al POUM, el Partido Obrero de Unificación Marxista, que ha tenido una gran mitificación histórica porque fue derrotado por la guerra pero salió victorioso en la historia. Es una especie de alegoría bellísima, un historia de ficción muy bonita sobre la guerra pero muy alejada de la estricta realidad. Las colectivizaciones se realizaban se quisiera o no se quisiera, porque había milicianos armados al lado. Y muchas de las cosas que se explican están totalmente fuera de lugar. Los enfrentamientos, por desgracia, no estaban tan llenos de conceptos ideológicos tan claros y manifiestos. A veces respondían a simples luchas por el poder entre diversas opciones políticas.
¿Cree usted que algo así podría suceder en pleno siglo XXI? ¿Hemos madurado lo bastante como para no repetir los errores del pasado?
No creo que pueda suceder, pero no porque hayamos madurado; el ser humano, en momentos de tensión, responde siempre de forma similar. Lo que han cambiado son las circunstancias. Hoy día, en un contexto europeo, es inimaginable que algo así se pueda producir. El ejército ha cambiado muchísimo, y el estado español es mucho más moderno, avanzado, más dialogante y pluralista… Los elementos del pasado, del siglo XX, no existen ya en el siglo XXI. Un ejército contra su propio pueblo, este tipo de fractura… Esto no ocurriría. Podrían haber otros problemas, no sabemos cuáles, pero en este sentido, imposible. Algo así no volverá a suceder.
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