Jamel Shabazz tiene 50 años, creció en Brooklyn en los años 70 y pasó 20 años sacando fotos en las calles de Nueva York antes de publicar su primer libro. Reconocerías Back in the Days como el clásico libro de fotografía sobre old school hip-hop. También fue responsable de A Time Before Crack y Seconds of My Life, y acaba de hacer la campaña Cosmos para Umbro New York.
A punto estuvo esta entrevista de escorarse hacia el consumo de crack, pero es que antes de que “la calle” significase vestir ropa de BAPE, su cultura y estilo tenía sus raíces en la pobreza y las dificultades. Es importante destacar esto. De 50 años de edad, Jamel Shabazz creció en Brooklyn en los años 70. Tras encontrar trabajo en el sistema penitenciario, sacó fotos en las calles de Nueva York durante 20 años antes de que su primer libro fuera publicado: Back in the Days, al que reconocerás como el libro clásico de fotografía sobre el hip-hop old school. También fue responsable de A Time Before Crack y Seconds of My Life, y recientemente se ha encargado de la parte fotográfica de la campaña New York Cosmos para la compañía Umbro.
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Vice: Llevas haciendo fotos desde finales de los 70, ¿verdad?
Jamal: Cogí mi primera cámara en 1975 y desde entonces no he dejado de fotografiar. Mi padre era fotógrafo profesional, crecí rodeado de imágenes y libros de fotografía.
En estas imágenes, Nueva York parece siempre un desastre, pero también un lugar lleno de energía. Cuando yo era pequeño imaginaba Nueva York como un lugar aterrador.
Fueron tiempos muy emocionantes. Era joven y estaba elevando mi pasión a otro nivel. La fotografía, para mí, era una especie de pórtico, una forma de relacionarme con gente más joven, aprender sobre la vida. Gracias a ella pude conocer muchas personas maravillosas que terminaron convirtiéndose en amigos.
¿Cuándo empezaste a ver tus fotografías publicadas?
Publiqué por primera vez en 1989, en la revista Trace. Siempre fue un hobby, nunca lo hice profesionalmente. Era un juego. Si alguien quería darme dinero, yo decía que sólo quería un cuarto de litro de zumo de naranja.
¿Qué hacías para ganarte el sustento?
Durante los primeros 80 fui a la Universidad; luego, en 1983, obtuve trabajo como funcionario de prisiones en Nueva York. Ese fue mi empleo durante los 20 años siguientes. Pagaban muy bien, y eso me permitió salir a la calle y tomar las imágenes que tengo. Siempre llevaba la cámara conmigo, incluso cuando iba a trabajar.
Estabas acostumbrado a tratar con todo tipo de gente, entonces. Hoy día la iconografía del mundo B-boy da impresión de bonita y segura, pero supongo que dar vueltas por el Bronx de los años 80 no era tan fácil.
Fueron tiempos muy difíciles. Mi labor era agridulce. Cuando trabajas por el cumplimiento de la ley y, a la vez, estás en las calles, hay gente ahí fuera que puede identificar que trabajas en una prisión. Por suerte yo era buena persona, y eso en las calles se supo. No tuve problemas para circular porque tenía buen carácter y sabía que a la gente hay que tratarla con inteligencia y seriedad. Las personas se abrían a mí. Y yo aprovechaba eso como una oportunidad para inspirarlas. Estuve en el ejército, donde aprendí disciplina. Me preparó para afrontar las dificultades de las calles. Además, soy un apasionado del ajedrez; entiendo la estrategia, el sacrificio, cosas de esa naturaleza.
¿Quiénes fueron los personajes más interesantes que pudiste fotografiar? También me interesa lo de “antes del crack”. ¿Por qué marcó tanta diferencia?
Time Before Crack es uno de mis libros más importantes. La epidemia de crack de los 80 devastó muchas comunidades; no sólo aquí, en Nueva York, sino en toda América. El crack fue introducido intencionadamente en la comunidad para que contribuyera a financiar las guerras en América Central. Es muy doloroso comprender eso. Muchas cosas cambiaron con la llegada del crack. Las bandas ganaron muchísimo dinero y mucha gente decente empezó a vender drogas. Fue un fenómeno increíble. Mucha gente buena cayó víctima del crack de una u otra forma. También personas mayores empezaron a abusar del crack y a venderlo. Trabajando en la cárcel pude ver de primera mano las víctimas de esa guerra, las miles de personas de mi comunidad que entraron en el sistema penitenciario por culpa de la adicción del crack. Saqué Time Before Crack para mostrar a la gente la belleza de nuestras comunidades antes de que apareciese esa droga. En esas fotografías puede verse a la gente sonriendo, se puede ver un espíritu de amor y unión. Una vez llegó el crack, todo cambió; el lenguaje, el estilo de la gente, su actitud, la música… Todo. Las pandillas florecieron de nuevo. Estaban más o menos muertas en los años 70, pero resurgieron con la llegada del crack y se extendieron por toda América. Los Bloods y los Crips prosperaron no sólo en la Costa Oeste sino también aquí, en Nueva York. Se convirtió en un lugar muy violento. Es una tragedia. Muchas de las personas que aparecen en el libro murieron, ya por la violencia o por la adicción. Hay problemas secundarios vinculadas al crack, como ataques de asma. Y muchos personas contrajeron el VIH, porque el SIDA y el crack iban cogidos de la mano.
¿Por qué desapareció?
El crack nunca desapareció. A lo que ahora mismo nos enfrentamos es al post-crack, porque sus víctimas están ahora saliendo de la cárcel. Los políticos, en los años 80 y 90, hablaban de ser duros con el crimen. Retiraron un buen número de programas sociales y las prisiones se convirtieron en una industria que debía rendir beneficios. Todo el mundo se olvidó de la gente sin trabajo, de los que volvían a casa tras pasar años en la cárcel. Eso es el post-crack. Hay muchos niños nacidos de padres adictos al crack, muchos niños que fueron ubicados en hogares de acogida. Ahora, a sus 21 años, están de vuelta en el sistema. La música, antes del crack, era positiva. El rap hablaba de resistir, tenía un mensaje. La música que se hizo durante los días de crack trataba de dinero, poder y venganza. Y esta etapa post-crack me alarma, sobre todo porque la gente se ha vuelto muy insensible. Se glorifican la violencia y el tráfico de drogas.
¿Cómo cambió la calle durante los años 80?
En aquel entonces la mayoría de adolescentes no tenían coche. Eran las joyas las que simbolizaban poder. Una enorme cadena al cuello representaba un nivel de poder, porque llevar una abiertamente te exponía a que te desafiaran violentamente. El crack trajo consigo la cultura de la ostentación. Hacer ostentación se convirtió en un signo de poder, y eso es lo que la gente quería tener. En mi comunidad, en los años 70, la gente quería estar limpia y a la moda, llevaban zapatillas deportivas limpias y pantalones con raya. Todo el mundo quería tener buen aspecto. Después la gente fue víctima del crack. Ya no se podía pagar el mantenimiento, los padres ya no tenían motivo de orgullo. Vi la moda cambiar rápidamente durante los 90; la camiseta y la capucha se hicieron muy populares. Cuando yo era joven la gente solía hacerse pantalones a medida. Jamás hubiera imaginado entonces que una sencilla camiseta blanca se convertiría en el look más popular.
Por un lado te estabas deleitando con una cultura que fácilmente podía terminar en la cárcel.
Es cierto; algunos fueron asesinados. A veces podías acabar muerto a pesar de ser un simple espectador inocente. Sin embargo, hay también historias de éxito. Algunas de esas personas fueron a la universidad. Me motivaba seguir adelante y hacer fotografías, relacionarme con los jóvenes, alejarlos de este estilo de vida negativo, guiarlos. Ser fotógrafo me ayudó a entablar muchas conversaciones. Lo que la gente no ve en mis imágenes es el modo en que yo hablaba con la persona durante unos 10 ó 15 minutos antes de hacer una sola foto. Me interesaba más conversar con ellos que hacer inmediatamente una fotografía.
¿Sigues haciendo fotos?
Cada día, mi cámara está conmigo todos los días.
¿Cómo te involucraste en el proyecto Cosmos de Umbro?
Umbro contactó conmigo conmigo. Me dijeron que su eslogan era el estilo de Nueva York, su característico pavoneo. Creían que yo era la persona idónea para plasmar ese estilo. Me encantó la idea desde el principio. Fue genial documentar la diversidad y las ubicaciones que son punto de referencia y representan el corazón y el espíritu de Nueva York.
¿Eras fan de Cosmos en aquel entonces?
He llegado a apreciar el fútbol por haber viajado a distintos países, aunque por supuesto ya había oído hablar de Pelé en los años 70 y del gran trabajo que estaba haciendo en Brasil y con el Cosmos.
¿Qué pasó con las personas a las que fotografiaste?
Muchas de esas personas tienen historias increíbles. He publicado un nuevo libro, Back in the Days Remix, con nuevas imágenes y textos. Me enteré de un hombre que se convirtió en un profesor universitario. Quedé impresionado por la forma en que transformó su vida. Volvió a la escuela y ahora tiene un doctorado. Hay médicos, abogados, policías…
¿Sabes en qué momento se empezaron a tratar como importantes imágenes de moda? ¿Estabas al tanto de lo que estabas documentando?
En cuanto al componente de la moda, sí. Siendo de Brooklyn, en ese momento prácticamente todo el mundo estaba en la onda. Me sentí atraído por el espíritu. Es fácil saber quién es una hembra alfa o un macho alfa por su forma de vestir. Si una persona vestía de forma muy elegante, sabías perfectamente que podrías fotografiarla; era más que probable que quisiera ser vista y reconocida. El mismo día podía sacar fotos de alguien muy atildado y minutos más tarde ir a fotografiar a alguien sin hogar en el tren. En parte de mi trabajo documenta se ve la falta de vivienda, la prostitución, la drogadicción; ya sabes, se ve el miedo. Tengo muchas ganas de compartir también ese cuerpo de trabajo.
¿Qué hay de la transformación de la cultura hip-hop de los años 70 y 80, con ropas llamativas como un pavo real, a los conjuntos deportivos y el breakdance?
En las películas blaxploitation de los 70, los tíos llevaban zapatos de tacón alto y extravagantes maxi abrigos… Parecía una chifladura entonces. Jugadores de baloncesto como Earl Munroe comenzaron a usar chándales y esto se expandió, llegando a hacerse tremendamente popular a mediados de los 70. Creo que la cultura caribeña también influyó. No se habla de esto, pero los jamaicanos neoyorquinos trajeron la influencia de Londres a la cultura estadounidense. Vinieron con impermeables londinenses, zapatos Clarks y Kangols. Los jamaicanos llegaron a Nueva York con dientes de oro, y la gente quiso imitar esto desde el instante en que los vieron.
DARYOUSH HAJ-NAJAFI
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