Música

Juana Molina: la tecnomaga ha vuelto

Algo debió pasarle a Juana Molina en octubre que decidió convertirlo en el mes en que lanza sus materiales discográficos. Y no digo que algo bueno o algo malo, simplemente debió sucederle algo importante. Su quinto disco, Un día, salió a la venta en octubre de hace cinco años, y octubre será cuando publique Wed 21, la joya de 11 tracks con la que ha decidido regresar tras un retiro que, por suerte, no fue más largo ni definitivo.

¿Será que octubre fue cuando dejó atrás su etapa como comediante y creadora de memorables personajes valiéndose del estereotipo como inspiración para dedicarse de lleno a la música, el cosmos y el misterio de la mano de las máquinas? ¿O será que en octubre fue cuando le sucedió aquella cosa fea que contó en su concierto del Lunario de hace un lustro: su hija, entonces pequeña, no la reconoció cuando volvió a casa luego de andar en tour? ¿O será que un octubre decidió hacer de cada nuevo disco un instrumento de exploración de sus obsesiones?

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No lo sabemos y quizá no importe. Y tal vez estemos buscando un dato importante donde hay una simple coincidencia. Lo cierto es que ya puede vaticinarse que en octubre de este año, Juana Molina volará cabezas con Wed 21, que aparecerá vía Crammed Discs y obligará a los pinches periodistas latinos a buscar una nueva manera de referirse a lo que llevan años describiendo como «folk con bases electrónicas». Sí, Juana usó una computadora y una guitarra, ¿pero qué más, cabrones? ¡¿Qué más?!

«Radiantes nubes de sonido», han usado para describir algunos de sus temas. Y sí. Pero de pronto las nubes se ponen densas, impenetrables… Se cancelan los vuelos por alta densidad. Y el avión allá arriba, sin saber hacia dónde llevar a los pasajeros…

Juana Molina es una tecnomaga. Con máquinas y conjuros aprendidos quién sabe dónde y multiplicados digitalmente logra crear piezas intrigantes, hipnóticas, adictivas. Y si en sus cinco discos anteriores (Rara, Segundo, Tres cosas, Son, Un día) la vimos ir y venir del folk a lo Janet Feder, con montones de texturas y rasgaduras improbables en la guitarra, hasta el paisaje ruidista y lleno de cables a lo Raymond Scott (no, el de la música de Bugs Bunny no) o Matthew Herbert, para Wed 21, Juana ha pulido sus armas (letras introspectivas que ha reducido a unas cuantas frases o incluso a meras interjecciones, atmósferas delirantes e hipnóticas con el uso de sus aparatejos, voz digna de un arrullo pero que podría murmurar las cosas más terribles…) y con ellas, consigue taladrar pequeños orificios en nuestro subconsciente para vaciar ahí fragmentos del suyo.

«Eras» es el track que abre el disco y el que fue escogido para lanzar como primer adelanto. Con ello Juana quería quizá darnos una pista de los rumbos por los que se han orientado sus exploraciones en esta que, desde ya, pinta como su obra maestra. Hasta la fecha, pues. Porque no se ha despedido. Y con esa capacidad suya para mutar y dar pasos en el tiempo hacia adelante con cada disco, todavía podemos esperar de ella más artefactos como éste, capaces de trasladarnos a la época en que los replicantes se ponían tristes, experimentaban escalofríos y tenían arranques de celos…

A partir de él se suceden los temas como pequeñas pistas sonoras, llenas de tensión, y con guiños pequeños, sutiles, a las montones de cosas que Juana Molina ha escuchado en su medio siglo de vida (entre las más recientes, algún material africano, como ese que le sirvió en 2010 como detonador para su colaboración en el disco de tomas alternativas de Congotronics.

Para cuando ustedes puedan escucharlo completo, yo ya le habré dado unos cuatrocientos plays. Ahí me alcanzan. Yo, por lo pronto, comienzo a ver/oír Wed 21 como una máster class en once módulos sobre los poderes de la repetición para crear atmósferas, sobre la plasticidad del ruido y sobre los múltiples y carismáticos rostros que puede adoptar el enigma.

@peach_melba

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