LA DECADENCIA DEL HEROÍSMO

Yo antes leía mucho, no desde siempre, es un hábito que adquirí en algún momento de mi vida cuando decidí que quería ser más inteligente. Mi papá odiaba a los pendejos, toda mi infancia luchó por que sus hijos no lo fuéramos, y la manera de no serlo: leyendo.

No sé si soy una pendeja, presumo de no serlo, tal vez lo sea, qué más dá, pero si dá. Este año he leído 4 libros: Murakami: 1Q84, Camus: El Extranjero, Krauss: La Historia del Amor, y para su sorpresa, sí, Martinez Rios: Arde la Calle. Leer es increíble, pero qué difícil es. Además soy adicta a twitter, y como con cualquier adicción empiezas a pudrirte, me cuesta un chingo de trabajo concentrarme en textos largos.

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Hace un rato estaba leyendo un periódico semanal y pensé: “hueva estos pinches artículos que se extienden durante dos planas enteras”, incluso, mi editor aquí en Vice me pide textos cortos para que ustedes los lean rápido y no se aburran.

Tenemos un déficit de atención cultural grave. Cambiamos de ropa, de bares, de música, de barrio, de arte. La neta es que Demian Hirst y la Condesa ya están de hueva, lo de hoy es la Roma y Banksy. ¿En qué momento el cambio se volvió tan indispensable para ser original, y la permanencia pasó a ser sinónimo de obsolescencia? ¿Cuánto tenemos que gastarnos económica y mentalmente para encontrar individualidad?

Según yo es culpa del capitalismo, vamos de tweet en tweet por la vida. Lo efímero está de moda, y ahora resulta que si escuchas Pearl Jam y te emocionas porque vienen a México eres un pobre perdedor; ya nada perdura.

Como sea, yo estaba hablando de mis hábitos de lectura, y me distraje, pero ahora estoy leyendo un libro de Ian McEwan, Saturday; lo leo porque me gustaría ser más inteligente, pero es que Twitter es tan divertido, y fácil, y rápido; un ratito más, 140 caracteres y ya, lo juro.

Le tengo que agradecer a mi papá el haberme enseñado, sea cierto o falso, que leer libros es indispensable para no ser un tonto, o para sentirse menos tonto. Dicho eso: imagínense que en vez de teléfonos sacáramos nuestros libros en el restaurante #queoso.

Pienso que ser cultos e inteligentes nos da pena porque no está de moda.

ANA LIVIA

Imagen por GABRIEL ALONSO

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