El comentarista y escritor norteamericano Gore Vidal ha fallecido. Fue un novelista y ensayista innovador, un feroz crítico de las políticas americanas en lo extranjero y lo local, y un sofisticado y aristocrático cascarrabias. Izquierdista, libertario y poseedor de una afilada lengua, Gore acostumbraba a enemistarse con la gente, con las instituciones e incluso con distintos países. Lo hizo en televisión, en la prensa y en las calles. Vidal hallaba deleite en sus trifulcas; por tanto, ¿qué mejor manera de rendirle homenaje que recordando algunas de las mejores?
NORMAN MAILER
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“Guerra perpetua para una paz continuada”, fue como Gore describió la política extranjera de Estados Unidos. Su actitud para con su nación era más bien la de “guerra perpetua para una guerra perpetua”. Durante una gran parte de su vida residió en Roma, cargando desde allí contra la clase dirigente norteamericana y contra las mentes simples que habían gobernado durante años a personas como él y su familia. Los USA habían traicionado a sus padres fundadores, destruido el resto del mundo y manufacturado una Guerra Fría contra la Unión Soviética, un país que Gore había visitado y que, en su sabiduría, declaró no ser ninguna amenaza. Incluso escribió un par de piezas que, en parte, defendían a Timothy McVeigh, el terrorista de Oklahoma, enemigo público número 1 hasta que llegó el tipo ese de los aviones.
EL NEW YORK TIMES
La innovadora, muy controvertida novela de 1948 La ciudad y el pilar de sal, que presentaba un alto grado de contenido gay, algo no precisamente bien aceptado en esa época, entró en la lista del New York Times. Durante años el periódico se negó a publicar nada sobre Vidal, llegando incluso a quitar su nombre de la lista de libros más vendidos. En venganza, Gore cargó contra los escritores de reseñas, señalando que era un patético y chismoso hobby sin sentido y que cuando él quería ganar dinero, escribía guiones para el cine. Por supuesto, esta opinión no fue impedimento para que él mismo escribiera reseñas.
EDMUND WHITE
Vidal tenía sus sospechas respecto a White, otro afamado escritor gay. Un día, almorzando en el londinense River Cafe con el editor en el Reino Unido de White, Gore cogió un aceitero que había en la mesa, vertió aceite en una copa y se lo echó al coleto. Escupiéndolo furiosamente encima de la mesa, le gritó al editor, “¡Tú, tú has hecho esto! ¡Has querido matarme para que tu escritor Edmund White sea el Rey de los Maricas!” En los años 90, White dramatizó la relación de Vidal con Timothy McVeigh en su obra Terre Haute, sugiriendo que el viejo antagonista estaba enamorado de McVeigh. Vidal, posiblemente borracho o bajo medicación, no puso pegas, pero una vez se estrenó la obra llamó furioso a White, amenazando con demandarle. La sangre no llegó al río, pero los dos antiguos amigos jamás se reconciliaron.
REPUBLICANOS
WILLIAM F. BUCKLEY GAYS“No existen personas homosexuales o heterosexuales. Sólo actos homo o heterosexuales”. ¡Así se representa al colectivo gay, Gore!
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