Foto del perro del autor.
Cuando mi perro no está durmiendo, generalmente, está observándome; mientras escribo artículos para mi blog, mientras veo películas, mientras lo veo mirándome. Mi perro es ambas cosas: un científico y un documentalista de mi vida. Con tanta persistencia, me preguntó: ¿qué es lo que realmente está observando? ¿Qué entiende de lo que hago? ¿Recuerda patrones de mi comportamiento? ¿Percibe mis intensiones? En otras palabras, ¿sabe por qué hago ciertas cosas? ¿Patrones o entendimientos?
De acuerdo con un estudio publicado la semana pasada en el periódico PLOS ONE, lo perros son más capaces de entender las intensiones humanas de lo que se cree. En los experimentos financiados por el European Research Council y dirigidos por la University of Portsmouth, la investigadora Sarah Marshall-Pescini encontró que los perros tienen la capacidad de entender, al menos, al nivel de un bebé humano o un chimpancé.
“La pregunta respecto a si las especies no humanas pueden percibir los objetivos de las acciones, siempre ha sido controversial”, escribe Marshall-Pescini. “De todas formas, existe evidencia de que algunas especies de primates pueden hacerlo. Recientemente, los perros domésticos han mostrado una sensibilidad particular frente a señales comunicativas, especialmente en contextos cooperativos e intencionados”.
Demostrar que humanos infantes y perros reconocen la intención humana es todo un reto, por obvias razones, empezando porque ninguno puede explicarse con claridad. La metodología utilizada en este estudio fue la misma que normalmente se aplica para probar la conciencia infantil.
“En un estudio realizado en 1998, por Woodward, se encontró que, cuando los bebés de cinco meses observan repetidamente a una persona interactuar con un objeto, prestan más atención si el actor cambia de objeto y permanece en la misma locación, y menos, si el actor interactúa con el mismo objeto en otro lugar”, explica el estudio. “La sorpresa que revelaron los infantes en este paradigma ha ocasionado que los autores concluyan que estos entienden la acción del sujeto como una meta dirigida a un objetivo en particular”.
Esencialmente, Marshall-Pescini y su equipo reescribieron el experimento, utilizando a los perros como foco de estudio. “Similarmente, si los perros perciben que las acciones del agente animado tienen una meta” escriben, “esperamos que sostengan la mirada cuando ven a la personas interactuando con un objeto en el mismo lugar, que si lo mueven de área o si el objeto no está siendo animado”. Y esto es, en resumen, lo que descubrió la investigación.
Los perros mantienen su mirada enfocada en las acciones de la persona, mientras esta cambia objetos familiares por desconocidos, pero la desvía cuando mueve el mismo objeto a otro lugar. Lo que esto sugiere es que el perro está observando la relación entre la persona y el objeto, más que simplemente mirando al objeto. Esto indica alguna percepción intencionada.

Foto del experimento de Marshall-Pescini.
Marshall-Pescini dice que es posible que los perros estén interesados en el escenario (un nuevo objeto, antigua locación), por otras razones. La lógica es pensar que los animales están esperando a que la nueva cosa resulte en algún tipo de juego nuevo o alguna oportunidad de comida, pero el estudio comprobó que, “una vez los perros fueron liberados no intentaron buscar comida”.
El estudio es, de todo modos, más una prueba de que el modelo de experimento para el bebé humano es aplicable al del perro, que una certeza de que el animal comprende las intenciones o las relaciones entre las personas y los objetos. Al contrario, los perros pueden estar infiriendo estadísticas solo por el hecho de observar un patrón que se repite. Se necesita más investigación.
De igual forma, yo seguiré creyendo que mi perro, un observador de la conducta humana, probablemente sabe más de mis intenciones de lo que yo mismo sé. Después de todo, los perros llevan 30 mil años de coevolución para lograrlo.
Para una demostración más, la investigación publicada el año pasado reveló que los perros se roban cosas y la comida porque entienden las diferentes condiciones en las que pueden hacerlo fuera de la supervisión humana. El estudio no era muy preciso, pero da luces sobre el comportamiento de los perros y su posible capacidad de comprender contextos.
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