Este artículo se publicó originalmente durante el 2016.
No acostumbro salir de vacaciones y como van las cosas, no creo que vaya a cambiar pronto. Pero cuando lo hago, normalmente es por mi fe en el hedonismo. Un hedonismo tan puro que nunca tengo la oportunidad de permitirme cosas como bañarme, comer o hablar de forma coherente y eso hace que el sexo opuesto se rehuse a cualquier tipo de convivencia conmigo cuando salgo de viaje.
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Aunque eso cambió hace poco. Nos conocimos en un techo, recorrimos el campo en moto y disfrutamos estar perdidos juntos. Sí, fue como una escena de película, tanto que a la autora de Twilight le habría parecido excesivo pero, puta madre, se sintió muy bien.
Mi romance veraniego estuvo muy cursi pero hizo que me preguntara cómo son los sudorosos amores vacacionales de los demás. Por eso le pedí a algunas personas que me contaran qué pasó cuando ligaron en vacaciones.
Hannah-Rose, 30: ‘Dije: Creo que me voy a cagar en los pantalones’.
En ese entonces tenía 24 años. Nos conocimos en Eden, un club nocturno de Ibiza, en la noche urbana. Me colé a una despedida de solteros. Iba sola para relajarme y no sabía cuando iba a regresar a Reino Unido. Él era el padrino y era su última salida sin dinero, que en realidad era una bendición porque había gastado una cantidad absurda en esa fiesta. Era el tipo de güey que le gustaba andar cargando una botella de champaña, algo que, en mi opinión, es horrible. Estaba rodeado de tres españoles muy guapos pero destacaba porque era el único bailando.
Yo estaba platicando con un tipo de Texas que también estaba en la despedida de solteros, cuando Delroy se acercó porque creyó que era extranjera y podría ser un ligue fácil. Él acababa de cortar con su novia de tres años y había bajado mucho de peso. Yo acaba a de cortar con mi novio demente y controlador, así que supongo que ninguno de los dos estaba interesado en tener una relación.
Se acercó y dijo «Hola, antes pesaba el doble», y le respondí «No te creo». Le quité el sombrero para revisar que su cabeza no tuviera una forma extraña y lo apodé Profesor Klump. Bailamos un rato y una chica me tiró su bebida cuando salió «Wonderwall» de Oasis. Nos fuimos del club cantando y tomados de la mano. Lo interrogué mientras caminábamos a la tienda en el centro.
Le pregunte:
«¿Cómo te llamas?» «Delroy», respondió. Le dije Delboy por casi un mes.
«¿Cuántos hijos tienes?». «Tres», respondió y no fue ninguna sorpresa.
«¿Qué carro tienes?». «Un Audi s3», dijo sonriendo y me dieron ganas de vomitar.
«¿Eres dealer?». «¡No!», gritó.
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Los cubos de hielo hicieron efecto en mi estómago. Estábamos sentados platicando y de repente dije «Creo que me voy a cagar en los pantalones». Aun así, me tomó de la mano y caminamos a un departamento que compartía con un guardia de seguridad de 50 años con forma de Buda. Él se quedó dormido desnudo en una cama junto a mí con una toalla que le cubría las parte de abajo.
Como sea, hice una caca masiva y fue muy vergonzoso. Después fui al hotel de Delroy. Bajó corriendo en pants a encontrarme en la alberca y ahí supe que no le importaba mi vergüenza y que estaba enamorada.
Cuando Delroy regresó a Reino Unido, estuvimos tres semana platicando por Skype y cuando yo regresé ya estábamos listos para empezar a salir propiamente. En resumen, nos casamos hace dos años, tenemos un bull terrier de tres años y un hijo de un año de edad. Y por más que nos odiemos, hacemos todo juntos.
Josh, 23: ‘Queremos amores de vacaciones para recordar nuestros viajes’.
Abrí Grindr en cuanto llegué al aeropuerto de Hong Kong y él iba en camino a Australia pero nos hablamos porque los dos éramos australianos. Él se quedó un mes en Australia y no nos hablamos en todo ese tiempo pero lo puse en mi lista de favoritos y un día se me ocurrió enviarle un mensaje. Él dijo que estaba trabajando todas las noches y que no podía ir a Hong Kong porque estaba viviendo en Macao. Le respondí que yo podía ir a Macao a ver el espectáculo en el que estaba trabajando y reunirnos cuando terminara.
Entonces, un día, después de mis clases, tomé un tren a la terminal de transbordadores, me revisaron en la aduana y tomé un transbordador a Macao. Después tomé un autobús que me llevó al casino. Ahí vi a Nathan, me llevó tras bambalinas, vimos juntos el show con agua y fue algo espectacular.
Al principio fue un poco incómodo pero después de unos tragos los dos nos relajamos. Escalamos un cine portugués abandonado para ver toda la ciudad de Taipa desde de lo alto con unas cervezas y fajamos. Fue muy lindo. Un mes después, Nathan volvió a escalar ese cine, se cayó desde el techo (a nueve metros de altura) y se fracturó la pierna. Fui a visitarlo cuando salió del hospital. Como todavía le faltaba una cirugía, no podía tener mucha ‘actividad’ pero aun así nos visitábamos todas las semanas. Yo iba a Macao o él iba a Hong Kong. Como yo vivía en un dormitorio de dos personas, él siempre se quedaba en un hotel cuando iba a verme y pasamos unos meses increíbles juntos. Fue el encuentro emocional más significativo que he tenido pero nunca fuimos novios y nunca hablamos de concretar algo después de que me fui. Él tenía tantas cosas pendientes que mi partida parecía ser insignificante para él.
Creo que como amante soy muy intenso. Me enamoro muy fácilmente y decido muy rápido si me gusta alguien o no. Sabía que podía tener algo con él pero vivíamos en continentes diferentes y él no estaba dispuesto a tener una relación a distancia otra vez. Creo que todos tenemos estos amores de vacaciones porque queremos recordar nuestros viajes. Siempre me voy a acordar de Nathan cuando piense en el tiempo que viví en Hong Kong.
Chris, 27: ‘Se convirtió en la típica escena de un comercial antidrogas’
Estaba en un bar de mala muerte en Laos con un amigo y un güey israelí que conocimos en el camino. El bar tenía una buena proporción de viajeros y lugareños, pero los viajeros eran de lo peor. Como el lugar solo vendía botellas de Johnny Walker, ya estábamos muy borrachos. El israelí nos presentó dos chicas laosianas pero el Johnny Walker ya había hecho de las suyas y mi conversación era la cosa más básica y horrible.
Por suerte, el israelí me escuchó balbucear. Me dijo «menos es más» y me aconsejó preguntarle a la chica si quería irse. Para mi sorpresa, dijo que sí. Fuimos a casa de una de sus amigas y tratamos de hacerlo. El alcohol también le afectó a mi pene, así que hicimos una breve pausa en lo que yo trataba de recobrar la compostura.
Después, la plática estuvo mucho mejor, se me bajó un poco la peda y me relajé. Ella era muy agradable y nos la pasamos bromeando y riendo. Después sacó una píldora roja e hizo un bong con una botella de agua y una cajetilla de cigarros, lo prendió y fumó un poco. Le pregunté qué era y ella puso una expresión sospechosa pero insistí creyendo que podía controlarme, obviamente sin recordar lo mal que estaba antes. Le di unos jales y de inmediato se convirtió en la típica escena de un comercial antidrogas: la cabeza me daba vueltas, me puse todo paranoico y la escuché reírse como bruja por un par de minutos.
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Después me enteré de que era una droga horrible llamada yaba, que significa «medicina loca» en tailandés y es metanfetamina, algo que no me esperaba. Estaba muy sacado de onda y ella quería hacerlo otra vez. Lo único en que podía pensar era en mi mamá diciéndome que usara condón para no contraer VIH. Trataba de mantener una erección y ponerme un condón mientas pensaba en mi mamá y en no contagiarme de VIH. Pésima combinación. La chica empezaba a aburrirse y la paranoia empeoró a los dos minutos. Me paré y grité «¡NO!», que quizá fue una exageración pero me disculpé y dije que tenía que irme. Ella se ofreció a llevarme. Yo estaba muy apenado pero ella insistió y terminé aceptando.
Íbamos camino a su motocicleta y ella estaba hablando por teléfono en su idioma y yo supuse que estaba organizando algo para que me asaltaran. Yo no podía hablar pero presentía que estaba diciendo nuestra ubicación. Me subí a la moto y seguí actuando amable y pensé lo más nerd: «¿Qué haría James Bond en mi lugar?» Le pregunté sobre su moto y ella respondió amablemente. Mientras tanto, yo me preguntaba si iba a tener que aventarla de la moto y huir cuando llegaran sus secuaces. Al final, me dejó justo enfrente de mi casa de huéspedes. Los ligues veraniegos son divertidos y todo pero primero tienes que asegurarte de que tu cuerpo funciona bien.
Caroline, 29: ‘Me llevó a casa y me explicó la costumbre holandesa de las caras negras’.
Tenía 21 años y acababa de terminar una relación espantosa. De esas cuando sabes que tu pareja es una persona horrible pero es mucho más atractivo de lo que mereces y te tienes que aguantar. Imagínense a un Daniel Craig joven que negaba el Holocausto. En fin, me fui de vacaciones a Ámsterdam con unos amigos y ahí conocí a Jaap.
Nos conocimos en un bar, platicamos un rato y nos besamos. Bailamos mucho y cantamos. Cuando el bar cerró, me preguntó si quería ir a su casa y dije que sí. Me subí en la parte de atrás de su bicicleta y dimos un tour por Ámsterdam al amanecer. Fue uno de esos momentos que sabes que vas a recordar cuando seas vieja.
Llegamos a su casa, bailamos desnudos y creo que me enamoré un poquito. El día siguiente era la Navidad holandesa o ese día en noviembre donde Santa llega a la ciudad y los niños se pintan la cara de negro porque el Santa holandés tiene esclavos. Así que tuve un segundo tour por Ámsterdam y, como todos los caminos estaban bloqueados, tuvimos que caminar dos horas para regresar a mi hostal. Y hay cientos, CIENTOS de niños con la cara pintada de negro por todos lados. Jaab me llevó a casa, me explicó el origen de la cara pintada de negro en Holanda y ya. Fue muy lindo y me recordó que hay mucho más que novios bullys que niegan el Holocausto. No he vuelto a tener sexo casual desde esa ocasión porque sé que nunca voy a vivir algo igual.
Por muchos años creí que nos íbamos a reunir y que nos íbamos a casar pero ya lo superé. Ahora tengo 26 años y estoy enamorada de otra persona. Aunque sí hablamos unos meses después. Me mandó un mensaje porque dijo que se acordó de mi apellido cuando estaba haciendo el mandado. Y, la verdad, la magia desapareció. Hablamos unas cuantas veces por Facebook pero el inglés deficiente y las preguntas de «¿Cómo van los estudios?» no cuadraban con la imagen que había construido en mi mente.
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Creo que lo emocionante de los amores de vacaciones es la casualidad. No es igual que conocer a alguien que te gusta en un bar local. Parece una intervención divina: dos extraños que no tienen nada en común y ni siquiera hablan el mismo idioma pero aun así hay una conexión.
Duncan, 27: ‘Su amiga gritó ‘¡Cuídense!» y ella me llevó a la playa’.
Tenía 16 años y estaba de vacaciones en Creta, en un resort todo incluido, con mi mamá y mi hermano. Ahí conocí a un grupo de chicos de mi edad. La mayoría eran españoles, italianos y holandeses. En su última noche fuimos a la «disco» del hotel y una de las chicas con las que nunca había hablado me acorraló y me guió a la salida. Una de sus amigas sacó un condón de su bolsa y gritó «¡Cuídense!». Después de eso, la chica me llevó a la playa porque, según yo, sabía que no podíamos ir a la habitación que compartía con mi familia. Digo «según yo» porque en realidad la chica nunca dijo nada.
Después de una hora de sexo (aclaro: el sexo en la playa es aceptable solo cuando es arena griega), medio alcanzamos a despedirnos y cada quien se fue por su lado. Por cierto, durante esa hora pasaron varias patrullas pero ninguna nos vio, creo.
A la mañana siguiente me volví a reunir con el mismo grupo, me senté junto esta chica y le pregunté cómo estaba. Ahí me di cuenta de que no hablaba inglés. Me sentí obligado a estar con ellos hasta que se fueron del hotel y en esas horas tratamos de entablar una conversación pero no funcionó.
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