A todos nos gusta la última versión de The Joker. Les voy a decir por qué. Porque es un maldito sociópata que está fuera de control, porque no tiene ningún propósito más que desatar el caos absoluto, pero sobre todo porque hay algo que nunca vamos a saber de él. Why so serious? Cuando cuenta cómo se hizo las cicatrices que le parten la jeta en dos, lo hace para perturbar a alguien a quien está a punto de marcar para siempre con la misma herida deforme disfrazada de sonrisa, y en cada ocasión cuenta una versión distinta. Why so serious? Cuenta historias que no nos dicen nada sobre él. Construye el misterio de su personaje a través de la intriga. Y además cuenta unas pinches cosas bien horribles.
Uno de los grandes aciertos de Jack White fue mantener la boca cerrada durante quince años. Todo el mundo podía idealizarlo porque las únicas referencias que existían del tipo tenían mucha onda. Su apariencia como de Willy Wonka, su obsesión por los procesos antiguos de sonido y su música. Si decía algo, hacía lo mismo que The Joker, contaba historias distintas. Nunca aclaró su relación con Meg White, por ejemplo. A veces decía que era su hermana o su prima o su esposa o su sobrina a la que violaba y eso, definitivamente, lo hacía atractivo por su cinismo ante la prensa y además generaba misterio.
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Bob Dylan fue Bob Dylan y sigue siendo Bob Dylan porque nadie sabe quién chingados es. Cuentan que se largó de Hibbing, Minnesota y emprendió un viaje para buscar a Woody Guthrie y cuentan que en su camino se trepó en la caravana de un circo rodante. Cuentan que se escapó de su casa muchas veces cuando era niño. Cuentan que pertenece a una familia judía. Pero nadie sabe nada en realidad. Dylan siempre jugó un juego de máscaras. Queda claro en su película Renaldo & Clara, otra historia ficticia sobre si mismo. Ni siquiera en Don’t Look Back, el documental de Pennebaker, se muestra tal cual. En lugar de eso genera más dudas. Y en ese sentido, Dylan es un verdadero maestro.
Kurt Cobain es otro excelente ejemplo de lo que Jack White debería estar haciendo. Aunque ya es muy tarde para decidir morirse en lugar de cerrar la boca. O Thom Yorke. Thom Yorke es ese güey porque siempre se mantuvo al margen. Tal vez haya cambiado a través de los años. Tal vez, recientemente se ha expuesto un poco más ante todo el mundo. Ahora baila como teporocho electrocutado frente a las cámaras y hasta se puso de doctora corazón a responder preguntas de niñitas con su compadre Godrich. Pero el Thom Yorke de Radiohead, el personaje de las últimas dos décadas, nunca perdió el estilo en público. Y en su defensa, como no se ha muerto como el otro güero y es igual de famoso que Ronald McDonald, algo distinto tiene que haber en este señor Yorke del 2014 que ya no es el de hace veinte años.
En resumen, querido Jack White, ponte a hacer música y deja de arruinarle la vida a todo el mundo con tus insultos maricas de los que luego te vas a arrepentir por tibio. A nadie le importa lo que opinas sobre la pobre gorda esa que tuvo que dejar de cantar porque tuvo cáncer de garganta o algo así. Nadie quiere saber si el barbón de los Black Keys metió a sus hijos en la misma escuela en la que van los tuyos y les jalaron los calzones en el recreo. Y mucho menos queremos que nos estés diciendo tus estupideces apologéticas después de tirarle mierda a todos los demás. Tienes muchas cosas que hacer con ese hocico, Jack. Deja de perder el tiempo y ponte a trabajar.
Si tienes algo qué decir en defensa de Jack White a nadie le importa. Pero puedes intentar discutirlo con Raquel a través de Twitter – @salvenseustedes
Más sobre lo que Jack sí sabe hacer:
Escucha dos canciones nuevas de The Dead Weather
Escucha “High Ball Stepper” de Jack White
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