Este artículo se publicó originalmente en Vice España.
Últimamente la gente más avispada ha podido ver el giro mundial hacia el reggaetón: desde Justin Bieber hasta La Mafia del Amor, pasando por la gente que va a rumbear a clubes de música electrónica tipo el Corsica Studios en Londres y en vez de escuchar música de pastillas, perrea con Kamixlo o Palmistry.
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El siglo XX (y lo que llevamos de XXI) han sido décadas de dominio cultural anglosajón, ya sea británico o gringo, y eso nos moldeó la cabeza para pensar que escribir canciones tenía más mérito que cantarlas, que la guitarra era superior al computador y que el objetivo era ser como un universitario londinense.

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Eso crea un gran complejo de inferioridad en el #indie_español. Constantemente intenta entrar a un mundo que por definición lo excluye. La música anglosajona fue creada dentro y para una mentalidad anglo-protestante que aquí no tenemos. No obstante, sí consiguieron expandir sus criterios musicales gracias a sus ‘revistas especializadas’, y eso dejó huérfanos musicalmente a los españoles. Pero no teman, el reggaetón de la nueva década ha venido a salvarnos a todos.
Pero de forma más profunda, gente en España como La Mafia del Amor (aquí incluyo afiliados y afluentes como Fernandito KitKat, El Mini, Ms Nina y Tomasa del Real) o Dellafuente están añadiendo ritmos e influencias al perreo; ampliando su espectro hasta abarcar estrofas en árabe o cercanas al flamenco.
México NAAFI Salviatek Uruguay NAAFI Plan B Tinashe Beyoncé Ciara Ñengo Flow Plan B, Drippin Lotic Sicko MobbTambién en México está la gente de Éxtasis Records, la disquera del regiomontano Zutzut, que, junto con alguien como Mexican Jihad, (afiliado de NAAFI) llevan esta música a un plano político. Pero no «político» en el sentido ‘canción protesta’, que es una forma primitiva y perezosa de mezclar la política con música, sino abogando por la «re-construcción del poder y de la cultura». Moviendo el foco del mundo anglosajón a, como dice el eslogan de NAAFI, «ritmos periféricos». No es la imposición dogmática del cantautor con guitarrilla sino un cuestionamiento experimental diseñado para ser bailado.
Por eso considero realmente relevante y emocionante el reciente auge de todos los ritmos asociados al reggaetón, porque suponen por primera vez en décadas una ruptura respecto al producto cultural caucásico-protestante, a favor de una visión más compleja, rica y variada de la música contemporánea.
Nicolás Prados escribe en YoungVibez
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