Hace un año dirigió su primera película, Les beaux gosses (aka The French Kissers), aquí pendiente de estreno, aunque lo que más nos interesa de Riad Satouff es su extraordinario talento para el cómic de humor, que es el que, sin darse aires, subvierte. Su personaje Pascal Brutal es seguramente lo mejor que le ha pasado al mundo en cuestión de sátira después de Los Simpsons. A ver qué se cuenta.
En nuestro país Riad Sattouf (París, 1978) no acaba de alzar el vuelo porque aquí no se leen ni tebeos ni se lee nada y lo de subvertir no va con nosotros, pero, para los cuatro interesados, hay que recordar que en castellano se hallan disponibles algunas de sus obras capitales, entre ellas un álbum de su personaje Pascal Brutal, macho de perilla y nomeolvides que merecería estatua ecuestre y fundamental en la plaza mayor de todos los pueblos, y dos volúmenes de La vida secreta de los jóvenes, finísima serie de observación que mantiene en el semanario satírico Charlie Hebdo.
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Vice: Tras leer el segundo volumen de La vida secreta de los jóvenes, voy a empezar diciendo que te considero, si no un analista, casi un reportero de nuestro tiempo a la manera de Joe Sacco, aunque tú tal vez eres más objetivo que él porque lo tuyo está más próximo a la antropología de un National Geographic que a la brasa política de “hombre blanco”.
Riad Sattouf: Yo me considero un tío que intenta contar historias lo mejor posible. Y espero contar cosas que otros no cuentan, o no se atreven a contar. Poco más. Políticamente no me comprometo porque encuentro muy arriesgado para un artista el hecho de defender una causa, de tomar partido. Y siempre me ha parecido más positivo “estar en contra”.
Trabajas con excelencia los diálogos. ¿Sales con una grabadora a la calle, espías a la chavalería en internet? ¿Cómo funcionas?
No tengo una técnica particular. Normalmente no escucho ni lo que dicen, los miro como a un conjunto de personajes moviéndose y después intento recordarlo todo, como quien ve un vídeo en su cabeza.
En tu película Les beaux gosses, sin embargo, se diría que retratas a una juventud engorilada que se corresponde más con tu quinta que con la actual, que ya nace con la pornografía incorporada.
Puede ser. Supongo que sólo puedo hablar con autoridad de mi generación, pero también pienso que ese tema varía poco: en mi época veíamos el porno en VHS y los adolescentes de hoy lo ven en YouPorn. En realidad es un poco lo mismo.
Hablemos de virilidad. ¿Crees que la virilidad es un valor adquirido o nace uno con ella?
Yo diría que son la sociedad y la cultura quienes fuerzan a la gente a adoptar un papel. Conozco a mujeres muy viriles y a hombres muy femeninos. No es el caso del mundo árabe, claro; en él, para ser respetado como hombre se ha de cultivar una serie de características. Hay muy pocos chicos con el pelo largo, por ejemplo, y la excentricidad está muy mal vista salvo en el mundo de los ricos, que es otra historia.
Tu personaje Pascal Brutal es el paradigma de esa virilidad pero de pronto puede emocionarse viendo un vídeo de gatitos.
Porque creo que un tipo que es homófobo lo es, precisamente, porque siente pulsiones homosexuales que le avergüenzan. Esto se aplica tanto a Mahmud Ahmadineyad como al Papa. Justo: me encanta ese vídeo del Papa mirando a unos gimnastas medio desnudos contorsionarse delante de él. No hace falta ser Freud para entender la expresión de su cara: ¡si fuera más joven se uniría a ellos! Sí, me gusta jugar con esas paradojas.
Creo sinceramente que Pascal es lo mejor que le ha pasado al mundo en cuestión de sátira después de Los Simpsons. ¿Para cuándo una serie de dibujos animados?
Me lo han propuesto, pero no estoy seguro de que pueda ser una serie mayoritaria. Tendría que salir Pascal en la ducha con otros hombres, o haciendo gozar a abuelitas… ¡Es muy difícil colar eso en la tele!
¿Trabajas en alguna otra película tras el éxito de Les beaux gosses?
Sí, estoy escribiendo una peli de ciencia ficción, con trajes y toda la pesca, pero es todavía un poco secreto. Será muy diferente de la primera, eso sí puedo decirlo.
En Francia hay cierta tradición de autores que alternan el cómic con el cine. Pienso en gente como Lauzier o en algunos de los Humanoïdes. ¿Tienes tú intención de mantenerte en los dos medios?
Pues no tengo ningún plan de carrera, no tengo ni idea. En este momento me apetece hacer otra peli, y se da la circunstancia de que hay gente que está dispuesta a seguirme, así que aprovecho y le doy caña al tema. Tengo que admitir que si alguien me propusiera ahora ir a la luna dejaría el cine y me haría cosmonauta. Funciono así. Tengo mucha suerte y siempre me digo que no durará, así que aprovecho.
Tengo entendido que compartes estudio con Christophe Blain y con Joann Sfar, dos de los más grandes autores del último cómic francés.
Así es, con ellos y con Mathieu Sapin, y nos llevamos todos muy bien. A Sfar le debo mucho, me editó cuando dirigía una colección para jóvenes y me propuso compartir su estudio cuando yo debutaba. Sin él no habría hecho gran cosa.
¿Conoces dibujantes españoles? Estaba pensando que tienes el mismo corte de cara que Albert Monteys, uno de nuestros mayores talentos…
Pues desgraciadamente no, no puedo decir que sea un experto en cómics. ¡Soy un desastre! ¡Qué vergüenza!
Para nosotros es balsámico leerte, porque aunque para los franceses siempre hemos sido la última mierda, un tumor ahí abajo, tus historietas indican que estamos a la par en candor, idiocia y absurdo. ¿Qué tal te llevas con la globalización?
¡Ja, ja, ja! No tengo una opinión concreta sobre ese tema, defiendo la idea de un mestizaje total, que todo el mundo se mezcle y que desaparezca el orgullo de pertenecer a una cultura o a una tradición. Y así todos tranquilos.
Eres parisino con ascendencia siria y viviste un tiempo en Argelia y en Libia; ¿has sentido la llamada de alguna revolución, últimamente?
Creo que hay que apoyar y animar lo que está pasando en los países árabes. Espero de verdad que estas revoluciones, que son de raíz económica, se acompañen de revoluciones sociales, y que las mujeres obtengan los mismos derechos que los hombres, que la religión se mantenga al margen de los asuntos políticos y que se consiga una total libertad de expresión. Me parece algo muy positivo lo que está ocurriendo.
¿Pero percibes inquietudes reales entre la juventud de hoy, o es posible que la derecha se lo haya comido todo?
Me resulta muy difícil contestar a esa pregunta… No lo sé, no estoy cualificado para decirlo. Lo que si sé es que en el mundo árabe sólo hay gobiernos de extrema derecha, y si eso está cambiando es porque los jóvenes están haciendo que cambie. ¡O al menos eso espero!
RUBÉN LARDÍN
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